series de adolescentes Sex Education

¿Series de adolescentes o para adolescentes?

Aunque el reparto simule una clase de secundaria, la temática y el contenido están construidos para atraer a todo tipo de público, pese a que mucha gente las asocie solo a series de adolescentes para adolescentes.

No podemos dejar de pedir indulgencia. Nos rodea el sentimiento de culpabilidad. ¿Por qué? Francamente, no lo sé. Nuestros prejuicios a veces pueden con nuestra razón. Y decir sin tapujos que vemos ‘Élite’ o ‘Baby’ nos hace sentir culpables. Vayamos con calma. Razonemos.

La edad de los protagonistas de las series no debe ser un impedimento para ver o dejar de verla. Además, toda persona medianamente madura ha tenido que pasar por la adolescencia. Podemos hablar con conocimiento de causa. Vayamos al lado contrario. Ver ‘El método Kominsky‘ (EE.UU., 2018) no nos hace más viejos. Ni nos eleva la edad mental ni el enjuiciamiento. Lo que importa es lo que transmite. Cómo lo transmite y con qué nivel de análisis y profundidad se trata. (Nota: recomiendo ver encarecidamente la serie de Michael Douglas y Alan Arkin. Graciosa, tierna y realista).

Además, no es nada nuevo. Toda generación ha tenido y tiene su serie de adolescentes de cabecera. Desde ‘Sensación de vivir’ (EE.UU., 1990), pasando por ‘Física o Química’ (España, 2008), ‘Al salir de clase’ (España, 1997), ‘Compañeros’ (España, 1998), ‘Degrassi’ (EE.UU., 1987) o ‘Skins’ (Reino Unido, 2007). Todas han marcado una época. Todas han tenido polémica. Y todas han sido cuestionadas.

Pongamos ejemplos. El caso de ‘Skins’. Su supuesto lenguaje inapropiado o las escenas de sexo con menores y el consumo de drogas suscitaron las críticas de varios sectores ingleses. La llegaron a calificar como el ‘segundo programa más peligroso jamás emitido’. En el terreno estatal la serie de Antena 3 ‘Física o Química’ levantó también polémica. En sus inicios sus contenidos (sexo entre alumnos y profesores, consumo de drogas, un suicidio…) fueron objeto de crítica. Alguna asociación de padres llegó incluso a decir que la ficción daba una ‘visión perniciosa del mundo de la enseñanza’.

Pero todas tienen algo en común. Su éxito. Algo que engancha. Algo que transmite. Analicemos alguna de las series de adolescentes del momento:

Élite‘ (España, 2018): éxito mundial inesperado

La serie española ya apuntaba maneras y se ha aupado al olimpo no solo de las series de adolesecentes, sino de las series a secas. Nace de Carlos Montero, creador de ‘Física o química’, y Darío Madrona. Contaron, además, con la ayuda en la dirección de Dani de la Orden y Ramón Salazar. Este último fue el director de las exitosa saga de ‘Tres metros sobre el cielo’ y ‘Tengo ganas de ti’. Por tanto, conocen el género y el objetivo al que querían llegar.

Una de las grandes virtudes de la serie son las interpretaciones. El reparto tiene parte de la culpa. María Pedraza, Itzan Escamilla, Miguel Bernardeau o Aarón Piper brillan en sus actuaciones. Sin olvidarnos del virtuosismo derrochado por Miguel Herrán, que llena la pantalla en cada escena. Pero todo esto no importaría si el guion y los temas tratados no fueran los adecuados. Hay muchas ficciones sobre institutos o adolescentes. Pero en ésta el thriller es uno de los elementos clave.

El suspense está desde el comienzo. Nos ofrece la dosis adecuada para que devoremos cada uno de los ocho capítulos. Pero no se queda ahí la cosa. Bullying, choque cultural, xenofobia, choque social, corrupción o la serofobia son solo algunos de los temas tratados. No dejan indiferente a nadie. Su pensada interrelación temática la hacen proveedora de intensas, vividas y necesarias tramas. No es solo tratar el tema, sino cómo tratarlo.

Un nuevo factor que todas las series están cuidando en la actualidad es la banda sonora. Era un factor secundario o descuidado en muchas ocasiones. Pero ahora coge fuerza. Dándole calidad y empatía al espectador. ¿Cómo? Reflejando los del espectador. Marca tendencia y genera un vínculo emocional claro. Todo esto además de beneficiar las escenas, creando una sensación de realismo. Aquí ‘Élite’ es una de las que más cuida ese aspecto.

Derry girls‘ (Reino Unido, 2018): humor y profundidad no van reñidas

Nos encontramos en esta producción irlandesa con nostalgia noventera. Un grupo de adolescentes malhabladas e histriónicas intentando sobrevivir a la adolescencia y al conflicto en Irlanda del Norte al mismo tiempo. Primer punto a favor. Rememorar la historia con la sensación del que no la ha vivido. Con naturalidad. No siempre estamos en el meollo de la cuestión, pero sufrimos las consecuencias. Dejar ver, de soslayo, la realidad, con naturalidad.

El humor es la fórmula del éxito. Y ‘Derry girls’, referente entre las series de adolesecentes, tiene esa fórmula. Un humor mucho menos blanco que el americano, pero con la pizca de inocencia propia de la época. Pero su toque viene por lo disfuncional de sus protagonistas y por la acidez de sus diálogos y tramas. Volver al pasado con buen humor sin perder el peso histórico del momento. Y aderezando el conjunto con grandes dosis de nostalgia. No solo apelando a esos elementos ‘kitsch’ que caracterizaban una época, sino también un momento vital donde las prioridades adolescentes superan cualquier trasfondo sociopolítico.

‘Baby’ (Italia, 2018): La ‘Jeune et jolie’ italiana

La serie, inspirada en hechos reales, narra la historia de un grupo de jóvenes que se enfrentan a la sociedad buscando su propia identidad e independencia. Todo ello entre amores prohibidos, presiones familiares y secretos compartidos. La serie fue acusada por el Centro Nacional sobre la Explotación Sexual de Estados Unidos de ser una apología de la prostitución infantil. Pero los autores y guionistas de una de las mejores series de adolescentes aseguran que no es más que la trama sobre la necesidad de transgredir de los jóvenes.

Lo cierto es que a lo largo de los seis episodios vemos de forma demasiado natural algo descabellado. La falta de claridad en su denuncia puede llevar al espectador a la confusión. Se debe requerir cierta contundencia en los guiones. A veces la necesidad de distanciarnos para ser equidistantes nos hace pecar de permisivos. No todo es defendible bajo el lema de la libertad. Sobre todo porque hay personajes que viven en una supuesta libertad muy condicionada sin percatarse. Ahí es donde el guion debería fijar su línea argumental.

Pero en ‘Baby’ hay otro gran protagonista: las redes sociales. Y ahí radica uno de sus puntos fuertes. Mucho de lo que sucede en la serie lo vamos conociendo a través de las interacciones de los personajes centrales en Instagram. Así como también sabemos lo que piensan y hablan por medio de sus conversaciones de chat. Las redes sociales están ahí en todo momento, omnipresentes, como una especie de nuevo dios. Una especie de llamada de atención al espectador (recomendable la serie ‘You’ (EE.UU. 2018) que tiene ese tema muy presente).

‘Sex education’ (EE.UU., 2018): educación y ejemplo con argumento

Es una de las series de adolescentes del momento y un claro ejemplo de lo que debe ser una educación paritaria y no sexista. Llega a ser mejor que un cursillo acelerado sobre sexualidad. En ella se libran del encorsetamiento de género y orientación para hablar sin tapujos de temas hasta hace poco tabús. El aborto, la masturbación, la impotencia, el deseo, el tamaño genital, el vello, las inseguridades. Tiene que llegar una serie para empatizar con el sentir social y cultural. Una serie que se hace responsable abogando en sus diálogos por el cambio de mentalidad que propone el feminismo. La manera de tratar los temas resulta didáctica sin pretensión de serlo y eso es, sin duda, su gran baza.

Un aspecto destacable de ‘Sex education’ en este sentido es que nos presenta la nueva virilidad. Una nueva masculinidad que deja atrás la caverna sentimental y que hace años que tenemos entre nosotros. No solo lo presenta, si no que lo inserta con naturalidad en la nueva juventud. Lo extraño en esta serie es el machismo. Lo destacado como deplorable es la anquilosada mente machista.

La serie nos presenta en perfecta sincronía a un homosexual con gustos por el travestismo y a un heterosexual que no prioriza ni teme por su virilidad. Con su relación cuestionan la masculinidad anquilosada y su toxicidad. Pero no son los únicos que lo hacen. Todos los personajes, de una manera u otra, están enfocados a echar por tierra el modelo tradicional de varón y a proponer una masculinidad emocional y físicamente sana e integradora. Ellos son el prototipo de la nueva juventud. Expresan lo que sienten, son feministas y se enamoran hasta las trancas. Denuncian la violencia y la acción de dominar. Ellos son lo que deben de ser.

Cada una de estas series de adolescentes tiene una marca personal. Una huella que quiere dejar en el espectador. Todas comparten la descripción de una época por la que hemos pasado con mayor o menor gloria. La hemos vivido. Sea como fuere esperemos no vernos reflejados en alguno de estos personajes… ¿o si?

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