sacerdotes en el cine

Los sacerdotes en el cine: su lucha interna entre la persona y el hombre de fe

El cine representa a todo tipo de sacerdotes en sus películas. En esta selección de sacerdotes en el cine analizamos sus conflictos internos entre la persona y el hombre de fe.

Deberían ser padres de almas. Guiarnos en el camino de la vida. Hacernos llegar al cielo. Pero, a veces, ni ellos mismos lo consiguen. También son humanos. Con sus propias ideas, problemas y también pecados. Los sacerdotes son figuras complejas que el cine supo y sabe explotar. Ese halo de misticismo y moralidad que los rodea esconde, muchas veces, incoherencias. Las mismas que cualquier seglar. Pero nosotros, a diferencia de los sacerdotes, no nos erigimos como guías espirituales. Sin entrar en debates de fe o análisis religiosos, los sacerdotes son figuras controvertidas a las que el cine siempre ha sabido sacarle partido. Para encumbrarlos o para denostarlos.

No haremos un análisis evolutivo ni destacado sobre el tratamiento de la curia en el cine. No analizaremos la fuerza de Álex Angulo en ‘El día de la bestia’ (España, 1995), ni en la debilidad carnal de Gael García Bernal en ‘El crimen del padre Amaro’ (México, 2002). Tampoco juzgaremos la actitud de Philip Seymour Hoffman en ‘La duda’ (EE.UU., 2008) o la valía de Sean Connery en ‘El nombre de la Rosa’ (Alemania, 1986). Si no que recomendaremos películas actuales que siguen tratando temas delicados e intensos, siempre con matices, sobre los sacerdotes. Crisis de fe, reafirmación de los votos, incongruencias religiosas, incompatibilidades espirituales y hasta delictivas… Todos son temas complejos, poliédricos en su definición, a la par que espinosos. Y el cine se atreve con todos.

LOS IDEALES TRAS LA FE: ‘SIERVOS’ (ESLOVAQUIA, 2020)

Son humanos y viven en la misma sociedad que nosotros. Aunque siempre se les achaca que no viven acorde al tiempo que les tocó, los sacerdotes también se implican socialmente. Y ejemplo de ello es la película ‘Siervos’. En ella la figura del cura lucha por entender y vivir lo que le rodea. Y se nos presentan distintas formas de implicarse.

En ‘Siervos’, tras el juego de claroscuros y con el ritmo pautado tras cada nota de una intensa sonoridad permanente, Ivan Ostrochovský nos demuestra que fe y razón debe ser un binomio necesario. Una realidad llena de incoherencias y que cada pensamiento traducirá en su lógica. La belleza no siempre es un abanico de florido color. La confrontación visual, sin escala de grises ni matices, es una oda a la idea que fluye en cada fotograma de belleza del contraste. El juego de planos, secuencias, picados llenos de blanco y negro reavivan la necesidad del espectador de reafirmar la lucha interna de sus personajes. Una lucha que parte de la misma necesidad de creer y que se bifurcan sin darse cuenta por entender los ideales de forma distinta. No nos enseña causas. Nos muestra el sigiloso bagaje imperceptible del rumiar constante de sus pensamientos en ebullición. Sabemos lo que piensan y cómo actuarán, pero sin entender las causas, aunque sí las comprendemos… Bella en lo visual, rica en perfiles, profunda en matices de la trama y, sobre todo, pulcra en la exposición de hechos o acciones…

LA REAFIRMACIÓN DE LAS CREENCIAS: ‘SILENCIO’ (EE.UU., 2016)

Aunque la ‘llamada’ al sacerdocio es personal y diferente para cada uno, siempre será un momento difícil de entender para los seglares. El proceso de aceptación y dedicación a la vida religiosa es complejo y sin fin. Y, a veces, ese constante análisis llega a desmoronarse en ciertas partes. En ‘Silencio’ lo vemos claramente. Cómo la fe es algo que nos moldea y moldeamos. Y no siempre se mantiene fija, eterna e inamovible.

En ‘Silencio’ las sensaciones pueden llegar a contrariar al espectador. Nadie duda del buen gusto, exquisito, de Scorsese en cada plano, que llena de belleza e intencionalidad cada secuencia y travelling que nos impacta a cada paso que da la película. El juego con los fenómenos meteorológicos como pieza fundamental de la trama, de su paralelismo y belleza no dejan lugar a dudas. El tema y las interpretaciones son bellos y con fuerza, rodados con aplomo y sentencia, a pesar de la excesiva clarificación del guion (algo más de enigma podría jugar a su favor), pero siempre expresando, como lo hizo, las incongruencias del ser humano y la dicotomía de lo divino y lo humano… porque en el fondo de eso va el filme: esa lucha interna de creencias y visceralidad, de realismo y ontología, de Tierra contra Cielo. Un tratado de confrontaciones y contradicciones carnales y espirituales, con el buen gusto del director y con el manejo magistral del medio.

EL SACERDOCIO COMO COHARTADA: ‘CORPUS CHRISTI’ (POLONIA, 2019)

Los sacerdotes tienen arraigo en muchas sociedades. En algunos lugares son parte de las clases altas. Motivo por el cual siempre es un aliciente poder entrar en la curia. Pero muchas veces el conocer de primera mano en lo que de verdad se cree hace que se entienda mejor todo lo que les rodea. De forma tangencial ‘Corpus Christi‘ muestra al espectador el sacerdocio como escape. Como en ‘Nunca fuimos ángeles’ (EE.UU., 1989), llegar de rebote es el punto de partida. Un análisis más profundo del escaso contacto con la espiritualidad que tenemos. Pero de soslayo representa todos esos caminos de purgación mundana que tenemos que recorrer.

En ‘Corpus Christi’ se nos muestra lo sagrado como algo terrenal. Una doble moneda que sirve de vivencia para entender que el respeto es la mayor fe posible. El perdón empieza por uno mismo y no debe de ser un paso fallido para entenderlo. Un guion lleno de realismo, visual e interpretativo, guiado por un protagonista que juega con su aspecto para poner en valor lo que guarda en su interior. El estatus es algo que se gana pero que se aprende. La fe es algo que se tiene y no se representa. Un juego de ambientación que llega a transmitir con actos y palabras las diversas formas del perdón, entendido como algo prosaico y polivalente.

EL REFUGIO DE LA FE: ‘EL CREYENTE’ (FRANCIA, 2018) FILMIN

La fortaleza de la fe es muchas veces el camino de salvación. Sí, también lo dice la Iglesia, pero también lo utilizamos como opción de vida. El refugio de la fe es para muchos la última oportunidad de volver a la vida real. Y en ‘El creyente’ llega a ser cercano y empático todo ese camino. No podemos obviar que la fe forma parte de la vida diaria, no solo es cuestión de los domingos. Es un modo de vida. En mayor o menor intensidad.

‘El creyente’ muestra un mosaico de circunstancias que embriagan a las interpretativas miradas de un espectador que se enriquece de sus múltiples visiones del momento. El guion no deja de dar sosiego en la tormenta y calma, desde la distancia, los momentos más tensos. No tira de la introspectiva mirada del protagonista. Se ciñe a una visión cercana y externa del sufrimiento. Lo que no conlleva una falta de empatía, si no que crea un halo de objetividad en la adversidad de sus protagonistas. Una plural y variada interpretación de los caminos que otrora eran inescrutables. Vivimos desde el acompañamiento una elección, verosímil y creíble, del crecimiento interior como respuesta a un atolladero vital. La realidad de esa ontología como respuesta añade valor a la intensidad del momento, intentando explicar el porqué universal de muchas actuaciones idénticas. Al final es una respuesta manida, pero verista. Al final es una realidad palpable de un crecimiento personal cuyo exponente máximo es la supervivencia del carácter, la forja de la personalidad al ser truncada en el camino. Vemos como los personajes sobreviven a si mismos en una oda al respecto mutuo. Si funciona es por algo.

LA (NECESARIA) CRISIS DE FE: ‘EL REVERENDO’ (EE.UU., 2017)

Son humanos. A veces lo olvidamos. Y los sentimientos pueden llegar a ser más fuertes que la fe. No siempre tenemos clara esa diferenciación. No son estamentos compartimentados y diferenciados. El sacerdote debe lidiar con la continua reafirmación de su fe. Y en ‘El reverendo‘ podemos ver de primera mano esa actitud.

La película de Paul Schrader es Ethan Hawke. Una interpretación sublime. Una contraposición de sensaciones atormentadas que se vislumbran en un personaje deturpador. Una oda a los remordimientos llevados al límite del autoengaño. Una lucha constante de un personaje afligido, con un dolor sin remisión que intenta buscar la explicación. Las armas expuestas son la razón y su búsqueda. A veces casar todos los sentimientos o pensamientos que pasan por la cabeza de uno llega a ser agotador. Ese agotamiento es lo que transmite Ethan Hawke, en estado de gracia. Ese dolor inconmensurable que busca sus vías de escape. Un guion que no se distrae que con simplicidad añade pensamientos y acciones enlazadas en tramas bien representadas. Su aséptica visión fría y sin escape añade carga negativa a un personaje que no ve salida.
Ethan Hawke nos mantiene embrujados en el discernimiento de sus pensamientos. De sus razonamientos. De esa mirada sin calidez que duele por su vacuo destello de sinrazón. Ese trabajo es lo que hace empático al personaje, al hacernos buscar en nuestro conocimiento su actitud vital o su falta de ella para poder contraponer nuestra razón a su falta de ella (o su contrastada y analizada actitud, dependiendo del punto de vista).

LA DOBLE MORAL: EL CLUB (CHILE, 2015)

Con la Iglesia hemos topado. Muchos son las incoherencias de nuestros actos. La razón y el corazón no siempre casan perfectamente. Y si entra en el binomio la fe, tenemos un juego de difícil encaje. Existen, y conocemos, casos en los que no se ejerce con lo que se predica. En nuestro imaginario colectivo sabemos de lo que hablamos. Y la Iglesia tiene que reconducir a los miembros que no predican con el ejemplo. Pero de no predicar a cometer actos delictivos hay un trecho. Una delgada línea que incompatibiliza la acción en si misma. Y la Iglesia tiene un ‘modus operandi’ no siempre comprendido por la sociedad.

Aquí es donde entra ‘El Club’. Una película llena de sinceridad dolorosa. Una película cruel pero humana, hostil pero entrañable, desgarradora pero sutil. A veces cuando desde la óptica de los normal o lo cotidiano se intenta explicar los horrores de las conductas despreciables vemos lo que surge del fondo de los infiernos. No es un club, no es una casa, es uno de los infiernos de Dante, una casa de los horrores, Larraín intenta humanizar el desprecio, vitalizar lo inhumano, moralmente difícil no busca juzgar, ni justificar, sólo explicar cómo se puede vivir con esas cargas en sus hombros, y más aún, con una crítica social y religiosa de fondo. Además el humor, ironía y socarronería nos descoloca como espectador, pero se agradece. Un catálogo de personajes crueles pero humanos que nos hace pensar hasta qué punto se puede ayudar al prójimo… con o sin ayuda moral… aún más, con la inmoralidad de la casta religiosa.

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