‘Verano 1993’ o ‘Abracadabra’, historia de unas precandidatas al Óscar

Cuando uno intenta seleccionar entre la variedad y lo diferente, una parte amplia de lo recreado durante un año se queda más que huérfano, se queda sin representación (no, no se nos puede hacer elegir entre papá y mamá…). No hay una fórmula que seduzca a la Academia de los Óscar tan definida como la que reinaba en nuestro subconsciente en los años 90, y no hay un director o producto que impacte tan radicalmente en sus retinas para que sea una apuesta segura. Y añadimos a esta amalgama de sinsabores la idea de que no se puede encontrar un producto tan definitorio de un sector tan dispar para intentar dar a ver que si, ‘lo sabemos hacer bien’. A lo mejor ese es un punto de partida erróneo, no tenemos que defendernos, si no que tenemos que creérnoslo.

La terna preseleccionada para los Óscar es dispar, volátil, y en momentos etérea. Capaz de impactar en las retinas del espectador como de hacernos reticentes al poso de lo subliminal. Los contrastes se unieron, y se eligió en consecuencia: ¿cómo seleccionar entre el bueno, el feo y el malo?, ¿cómo buscar entre los diamantes el que más brilla?…

Las precandidatas

Abracadabra‘ llena con su impacto, visceralidad, deformidad e incongruencia. Plasma la alternativa visión del espejo cóncavo de Max Estrella, lo ridículo es lo más habitual a nuestro lado, lo casposo como idea de transgresión, eso si, con un guion e interpretaciones bellísimas (Maribel sigue siendo una de las actrices actuales que mejor aguanta un primerísimo primer plano).

«1898. Los último de Filipinas», es redonda, historia y envoltorio tienen una calidad comparable al mejor cine internacional, siendo su mayor problema las comparaciones… a eso no les ganamos en EE.UU. La calidad de los actores y su resolutiva actuación crecen en la pantalla, que se llena de un elenco actoral que traspasa más allá de la historia en si, pero sin el brillo que podríamos diferenciarnos o al menos encumbrarnos.

«Verano 1993» puede llegar a ser la hija menor a primera vista de una familia llena de sinsabores y egos encumbrados por el rancio abolengo de un sector vivo y anquilosado, pero urgando en cada plano, en cada silencio, en cada elipsis dramátia, no puedes dejar pasar lo expresado por la directora: nos define, nos empatiza, nos complace, nos compadece y nos carga de sentimientos hasta el punto de que la máxima de menos es más la eleva, la honra y la realza.

El resultado

El resultado, tras años de experiencia no va a ser bueno. Los tiempos en los que pequeñas joyas se elevaban al olimpo de los dioses de la historia cinematográfica, o sea, llevarse el Óscar, se hacen cada vez más erráticos, dispares e inquietantemente raros. La esperanza no se pierde, la razón nos aleja, pero el corazón queda lleno de orgullo para defender lo seleccionado. No vamos a bajar la cabeza, déanle una oportunidad, deámonos una oportunidad. La belleza a veces hace que la actitud nos pueda, pero sin olvidar que los detalles llenan hasta la vida más humilde.

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