El mejor cine español de 2019

Lo más destacado de 2019 (II): el mejor cine español

Para terminar el repaso seleccionamos el mejor cine español de 2019. Fue un buen año de cine. Con películas con contenidos diversos y variopintos. Es difícil atestiguar toda la calidad en unas pocas películas pero la diversidad es la pieza clave. Tanto en el género como en las interpretaciones. La lista engloba actuaciones y direcciones consagradas, con gran carrera y filmografía a sus espaldas. Pero también hay proyectos de gente que se abre paso con fuerza. Y con un futuro prometedor. No les concederán premios, pero la calidad es palpable. Se vislumbra un gran futuro a corto y medio plazo.

‘LOS DÍAS QUE VENDRÁN’ (ESPAÑA, 2019)

Me llena una sensación írrefrenable de compartir intimidades y sensaciones con esta película. La capacidad que tiene el guion y el director es de expresar de forma ordenada y sensata todos los miedos y sentimientos, con dudas y decisiones, que se puede llegar a tener llegando a cierta edad. No es que mis vivencias sean expresadas con corrección, ni focalizadas en mi persona. Es una sensación de credibilidad y naturalismo que es capaz de empatizar sin necesidad de virtuosismos visuales. El raciocinio como punto de encuentro de actuaciones muy íntimas y personales.

Es como ese agujerito en la pared por el cual podemos adentrarnos en lo más profundo de su ser, de los dos protagonistas. Encerrados en esos planos cortos (primerísimos primeros planos), no importa nada más que sus sensaciones y su azarosa vida. Es una amalgama de personalidades en la cual eres capaz de entenderlos y analizar sus defectos entendiendo sus resultados. Todo un logro ser capaces de llegar a una conexión con el espectador, con una historia guionizada que transmite crudeza sin drama altisonante. Entre el mejor cine español de 2019.

‘DOLOR Y GLORIA’ (ESPAÑA, 2019)

Tengo la sensación de ver una expiación pública. Una forma de abrirse en canal, soltar los miedos, de liberarse en la gran pantalla de un director más comedido que de costumbre. La extravagancia se soslaya con la madurez visual. Su fantasía se nota pero no se toca en cada imagen de la película. Vemos cómo la realidad expuesta es una onírica forma de introspección y confesión. Y también los trazos de delicada tensión, de justa purgación para purificar los miedos, los demonios o simplemente exponer, sin más.

Los sentimientos se enjuician y aquí se dejan volar. Se abren a un mundo eterno sin saber ni importar el qué dirán… Un soberbio Antonio Banderas comanda a un nutrido, efectista e intenso reparto. La mimética interpretación recuerda y transporta. A lo mejor con demasiada soltura. No vendría mal una comedida visión de la figura. Los diálogos, como siempre, tienen el poder en un estudiado y pensado guion. Cada secuencia, cada imagen, cada recuerdo está plasmado con belleza, con su eterna impresionista visión de la realidad. Es bella, intensa y con poso, un deleite para los seguidores y un descubrimiento para los detractores.

‘O QUE ARDE’ (ESPAÑA, 2019)

La delicada exposición de la contención es la baza del director Oliver Laxe. En esta película recrea con un gusto visual y extremo la confrontación de realidades dolorosas e intensas. Desde la imperturbable mirada de sus protagonistas se esconde el dolor y el sufrimiento de la no aceptación o el no entendimiento. Esa lucha interna se expresa con frialdad. Casi sin palabras. Solo con respiraciones que siguen deambulando por su existencia. Pero la naturaleza es incontenible. Busca la salida. La fuerza de toda esa retención explosiona y se lleva por delante todo. Bien sea la naturaleza, que es arrasada por el fuego. Bien sea la vida de una madre, que es devastada por el dolor de no ser capaz de entender o retener a su lado a su hijo. Esa dicotomía, esa confrontació directa, es grabada con furia y tesón. Una furia de compases melódicos que embriagan y que se coloca entre el mejor cine español de 2019.

‘LA TRINCHERA INFINITA’ (ESPAÑA, 2019)

Es la explicación del miedo, del qué dirán, de la opinión del otro, del escape hacia adelante sin saber bien qué dejamos atrás… Los directores han labrado, con cierta maestría, una pesada atmósfera encerrada en los dos personajes centrales. Personajes que llenan de calor y dolor cada palabra que utilizan. La perspectiva que coge la cámara, siempre al hombro y siempre cerrada, busca añadir esa sensación en el espectador. Esa sensación de dolor interno, casi incapaz de expresar hacia los demás todos esos temores que se guardan tras una situación límite.

Pero además vemos, casi a modo de parábola, la cerrazón del personaje principal, que no es capaz de ver más allá de su limitada visión. No puede entender más allá de su pequeña vida y a pesar de su intención de querer saber, solo mira hacia donde quiere mirar. Una metáfora llena de dolor pero que simplifica toda una mentalidad, una época, no tan lejana, que se nos presenta sin saber que la tenemos. Belén Cuesta brilla con su interpretación, es el ‘alma máter’ de la película, porque une ese dolor pero personifica esa evolución que su marido en la película no es capaz de interiorizar. Es el nexo de unión entre dos mundo, y ese sinvivir es el que representa en cada gesto y mirada perdida. Aún así es capaz de llenar esos vacíos con sus palabras y ausencias.

‘MADRE’ (ESPAÑA, 2019)

Parte de la sorpresa, tras el corto, es la abrupta forma con la que se cambia de dirección, con la que se dirige hacia lo inesperado. Ello hace que se descoloque todo espectador. Pero a partir de ahí el oscuro, tenebroso y hasta doloroso devenir de su protagonista hace que intentemos añadir una respuesta a cada pregunta. Ese juego definido desde el principio de intensidad y lóbrega actuación de Marta Nieto conlleva una inspiradora acción dramática que sinuosamente nos saca del acomodamiento y desencaja todas las premisas antepuestas.

También vemos esa lucha visceral y hasta violenta del miedo inicial se vuelve opaca y complicada. Así como la oscuridad de la protagonista nos demuestra que el conflicto interno de sus sentimientos juega y se asienta en una vida sin futuro y en una idea sin pasado. El juego con el que Sorogoyen nos entretiene es intentar dilucidar hasta qué punto discernimos entre todo ese dolor y rabia y cuál es la guía que mueve a su protagonista.

El personaje de Jules Porier y su oscura intención marca el ritmo de la trama pero también es una ruptura abrupta de los esquemas preestablecidos. Bello choque de sensibilidades y de juego de espejos contrapuestos que intentan y logran hacer de la duda el objetivo principal. Pero que funciona como catarsis de sus protagonistas ante la coyuntura.

‘LA VIRGEN DE AGOSTO’ (ESPAÑA, 2019)

Una búsqueda interior a partir de un reseteo estival. El guion nos sumerge en ese ‘impasse’ veraniego donde intentamos aclarar el pasado y presente para acercarnos al futuro con fuerza. A través del hastío y de la acalorada y sofocante atmósfera intuimos cómo se aclaran los conceptos e intenciones de su protagonista, que lucha por discernir sus prioridades en un ‘locus’ asfixiante pero lleno de intencionalidades.

Cada elemento externo es un propósito comunicativo: la meteorología, la casa, los desconocidos, los actos en si de la trama buscan llevar a todos sus actores hacia la meta, sea o no buscada. Cada plano reflexiona con su personaje para encuadrar sus decisiones en su análisis de la realidad. La musicalidad y las tramas imponen el ritmo a una visión del discurso reflexiva y nada circunstancial.

‘MIENTRAS DURE LA GUERRA’ (ESPAÑA, 2019)

Bella como era de esperar. El tacto, delicadeza y buen gusto que Amenábar imprime a cada pensada y sesuda secuencia agrada a un espectador que sigue el camino de migajas que nos deja para introducirnos en el horror desde la barrera. Al final la guerra es la suma de todas las historias individuales y desde la personificada ejemplificación asistimos a un miedo oculto pero no pensado para su protagonista.

No va de enfrentamientos. Ni de visión tergiversada, sino de contar una de las múltiples historias y ópticas del drama. El trabajo de dirección actoral es perfecto. Al rodearse de los mejores era de esperar, pero aún así asistimos a un recitar dirigido por el propio Karra y que demuestra que cada papel es un regalo para cada actor implicado.
El guion rodea de forma sibilina ciertos aspectos que el espectador espera, pero es capaz de discernir entre todas las tramas, el horror al que se asiste. Cada drama está pegado en cada secuencia. Y cada atrocidad e ignominia no queda aislada u oculta, si no que respira en cada fotograma al ser un velo que todo lo cubre. El propio protagonista está cubierto por el, hasta que su percepción cambia y se lo saca, asistiendo a la par que los espectadores, a ese paso tan duro.

Además la musicalidad y el toque onírico humaniza al mito para poder entender que la evolución de las ideas es un proceso vital continuo. Amenábar así lo deja claro en cada trama y en cada poliédrico personaje.

‘BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS’ (ESPAÑA, 2019)

Las cualidades sobresalen por doquier en esta película. Un acierto la mezcla de imagen real y trazo animado para poner en valor el referente. Lo referenciado se completa con ese cruce, que siempre ayuda a entender mejor el dualismo de la huella. El guion se empeña, con humor y momentos distendidos, en enseñarnos la otra doble cara del personaje, esa que lucha constantemente por superar sus miedos, empatizando con el espectador, dando a ver que siempre hay una persona detrás, con sus filias y sus fobias, aumentando el valor del trabajo realizado.

Esta esencia de dar vida al personaje añade también valor al producto final. La musicalidad de su banda sonora llena de vida cada secuencia, siendo indispensable para poder entender la finalidad de cada dramatismo. El otro pie del personaje es la realidad y su lucha por comunicarla, que se ensalza en el guion secuenciándolo en los diálogos para poder insertar otro de los temas del filme, la explicación del surrealismo. Los diálogos son la piedra angular sobre la que crecen los personajes, sobre la que se explica la esencia misma de sus ideas. La mezcla de todos estos ítems dan como resultado una película entretenida, educativa y con poso, pare referenciar a las personas y a sus historias, las que están detrás de los personajes públicos.

‘QUIEN A HIERRO MATA’ (ESPAÑA, 2019)

La oscuridad se cierne sobre la trama de esta película. Agradablemente narrada, con poso en sus reflexiones y con intensas interpretaciones. Partiendo de la base de una realidad devastadora, los personajes desarrollan con paciencia una evolución y giros interesantes. Con buena mano izquierda vemos que traspiran realismo y verismo con mesura.

El guion nace de una verdad que el espectador recoge con confianza y empatía. A través de la mezcla de todas las tramas principales coge ritmo y mantiene al espectador con atención máxima, entendiendo el pasado para comprender el futuro. Por medio de esa máxima progresa tanto el ritmo, como los personajes como la historia… conduciéndonos con paso firme y sin cortapisas al final. Con delicada precisión y belleza los planos realizan esa función de demiurgo, con sus picados y contrapicados, capaces de extrapolarnos de la inmundicia social para llevarnos a la objetividad desde fuera. Luis Tosar llena de dureza y comprensión su personaje, parte fundamental de la trama. La banda sonora realiza esa mezcla diversa y funcional que añade valor a todo lo narrado. Intensa, interesante y dura… pero creíble…

‘LA HIJA DE UN LADRÓN’ (ESPAÑA, 2019)

El drama se oculta en lo que no nos deja ver. La cuestión está escondida en lo que su protagonista intenta tapar y enterrar en los más profundo, pero que casi sin percatarse le sale del hondo de su ser. Un carácter forjado a través de los golpes de la vida a pesar de su corta edad, no deja de ser una niña que sobrevive con el dolor y la desconfianza, que sobrevive sin más ansias que descansar de lo azaroso de su tiempo.

La trama nos enseña que la madurez que representa este personaje es un espejismo de aflicción desmedida, no es un proyecto de vida, es un mantenerse en pie por todo lo que la rodea. El guion muestra de forma natural y sin complejos la cotidianidad de seguir adelante, pero también el reconocimiento de lo que rodea a la actriz principal. Sus momentos de búsqueda de cobijo, de cansancio extremo, y hasta su elocuencia al intentar buscar cobijo. Greta Fernández arrasa en en esa fórmula de ingenuidad y sencillez con momentos de llaneza que transparentan su falta de entendimiento o de profundidad de su raciocinio. No es una forma más de elección de vida. Es una supervivencia causal.

‘INTEMPERIE’ (ESPAÑA, 2019)

La mezcla con la que se pone sobre la mesa unos valores y una cruda realidad social es exquisita. Zambrano dibuja con delicado trazo una época de grandes desajustes y dolorosas historias. Con gran delicadeza es capaz de transmitir desde la insinuación todo el calado y profundidad de las dolorosas situaciones. Vidas extinguidas por la incapacidad de enfrentarse a ellas. Sueños destrozados por la falta de posibilidad de crearlos. Libertades encerradas en un redil que no se rompía por extenuación o por miedo. El miedo que mantenía una sociedad a raya desde el más absoluto terror. Laa configuración del guion atrae a un público amplio que empatiza con la hosca realidad de sus protagonistas. Pero en todo ello se vislumbra esperanza. La del que es capaz de romper con las cadenas y la del que es capaz de razonar en la más oscura intranquilidad. Unos personajes reforzados por unas interpretaciones indiscutiblemente creíbles y veristas. Llenas de corazón y vida.

‘KLAUS’ (ESPAÑA, 2019)

Tiene el equilibrio perfecto entre cuento o ensoñación y realismo mágico. Bebe de la factible explicación de una ilusión y del entendimiento más realista de una aspiración. Tiene una bella y colorista manera de plasmar todo el universo onírico en pocas imágenes y palabras. Cada trazado es firme y delicado a la vez, para crear todo un espacio de relativa fantasía sin que perdamos ese toque vital de humanidad terrenal.

Los personajes surgen de la más cruel realidad para ensalzarse en referentes oníricos de la ilusión más personal de cada espectador. Esa mezcla hace que el humor y la ironía jueguen un papel intenso en los diálogos y el guion. El proceso de creación de una nueva realidad para sus protagonistas es un proceso legible e inteligible, que no deja atrás la magia del momento ni de las circunstancias. Vemos que el deseo nace en nosotros pero que la realidad lo supera.

La trama está viva y crece ante nuestro ojos, sin esperarla y a pesar de conocer el final, asistimos sin prejuicios a una viable y factible explicación de una esperanza y deseo. No hay mejor forma de crear los sueños que a partir de la realidad más palpable y aquí vemos todo el proceso con una bella facilidad creativa.

‘DIECISIETE’ (ESPAÑA, 2019)

Peca de buenista y predecible, pero es grande en sentimientos e interpretación, por eso se merece un puesto en el mejor cine español de 2019. Un filón de oro son sus protagonistas, esa pareja que encaja a la perfección. Su naturalidad, su desparpajo, su realismo y sobre todo su cercanía hacen de ellos la mejor baza para esta película que se sumerge en el análisis descarnado y descarado de los sentimientos o sus barreras intrafamiliares. No pretendamos hacer un viaje a lo profundo y onírico de las relaciones fraternales. No.

Pero tenemos claro que el análisis de las carencias y las ausencias de ciertas relaciones se ponen de manifiesto de forma clara y concisa. El guion lleva como piedra angular unos diálogos, que ejemplifican las necesidades y miserias de una desestructurada familia y sus disfuncionales caracteres. Con cariño, tacto e ilusión se nota la mano de Daniel Sánchez Arévalo. Ese toque agridulce que llena de compasión la trama, pero siempre sin renunciar al carácter. La fuerza de la historia radica en cómo se cuenta y en un trabajo de dirección actoral contundente.

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