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Lo más destacado del año (I): el mejor cine internacional de 2019

Listas, listas y más listas. Sea para recordar el mejor cine internacional de 2019. Sea para restregarle, con rintintín y alevosía, al resto del mundo cuanto cine hemos visto. Aunque también cabe la posibilidad, menos maliciosa, de que sea para recomendar a los lectores y a los más allegados las películas con las que hemos disfrutado. Sea cual fuere la causa que nos mueve, en estas fechas las listas de mejor cine están en todas partes. No veo motivo para no hacerlas.

‘LIBERTÉ’, LA PEOR DE 2019

Mi gran dolor es saber elegir. Saber parar en un número más o menos redondo. Decidir si esta película entra y esta no en el ranking el mejor cine internacional de 2019. Ser capaz de comparar historias totalmente opuestas. Pero, también soy consciente de que no es plan alargarse en las selecciones. No puedo hacer quince listas: una con los mejores dramas, otra de comedias, de thrillers, de pelis españolas, de animación, … o hasta de las peores películas del año, aunque esto lo tengo casi claro: ‘Liberté’ (Francia, 2019). Hay que saber seleccionar para poder elegir.

He de indicar que puede ser que alguna película no esté por la imposibilidad de ir a verla (aún me escuece no haber visto ‘Ventajas de viajar en tren’ (España, 2019), que no se ha pasado en ninguna sala de Santiago de Compostela). Así pues, en una entrega seriada (dos entradas distintas) recomendaremos las mejores películas del año. Elegidas siempre dentro de las que hemos visto. La primera lista será de películas internacionales, la segunda de películas españolas. Creemos que se merecen listados diferenciados. También sabiendo que algún film español merecería estar entre las mejores internacionales del año.

LAS RECOMENDACIONES DEL AÑO

¿Recomendación? Si no has visto alguna película de la lista no dudes en buscarla en las plataformas de vod, streaming u otras posibilidades (algunas aún en cartelera). Son películas buenas, entretenidas, con poso y, sobre todo, que tocan temas interesantes, vivos, imperecederos y polémicos. No os defraudarán. ¡Ah!, no están por orden de preferencia. Intentar poner una por encima de otra sería una osadía:

‘HISTORIA DE UN MATRIMONIO’ (EE.UU., 2019)

Es la historia de un amor que se acaba. Se trata de toda la parafernalia en la que nos sumergimos al decidir que el amor se fue. Si ya es duro que se termine una relación, ahí aparece la sociedad para recordártelo. Para que no solo sea un dolor personal. Imposición de unos trámites que hostigan, cansan, desesperan y enloquecen. A pesar de que se quieran saltar (y finalmente se salten) no podemos deshacernos de todo eso.

La película es capaz de transmitir esa mezcla de dolor, resentimiento, amargura y frustración en ese trance. Es capaz de hacernos incoherentes siendo fieles a nuestro pensamiento y sentir. Nos enseña toda esa trastienda de dolor personal, social y cultural que nos arrastra. Santifica y demoniza a partes iguales y rompe estereotipos creándolos de nuevo. Es una delicia en su narración. El juego de tiempos, los diálogos y las tramas mezclan a la perfección todo ese batiburrillo de sensibilidades imperantes en sus protagonistas.

La fluidez con la que se nos presenta toda una hecatombe sentimental es de una pureza indescriptible. Logra introducirnos en un relato lleno de altibajos emocionales que conllevan actitudes y aptitudes extrañamente viscerales. Pero que no deja de sucumbir al escapismo social al que estamos acostumbrados. El guion fluye sin necesidad de estridencias. Tiene una trama simple, equilibrada, sencilla y preciosista. Con detalles narrativos de exquisitez visual. La cámara nos sitúa en el meollo. Nos introduce en sus miedos y sus reacciones son entendidas y comprendidas y hasta desquiciadas por cada espectador.

La espléndida interpretación de sus dos protagonistas nos hace sucumbir a todo ese despliegue de naturalidad y aflicción. A toda esa sensación de sobrepasar los límites sin saber cómo ni cuándo. Esa deriva emocional es una deriva de rencores y odios impuestos por el entorno. Impuestos por una sociedad que nos indica el camino aunque no sea nuestra intención andarlo. El guion ejercita ese juego de equilibrio constante entre las voces y los personajes. Es una historia para entenderla desde la empatía y la pureza de la mirada.

‘1917’ (EE.UU., 2019)

La piedra angular sobre la que se cimienta la historia, los personajes, y, al fin y al cabo, el alma de la película, es la sensación de lo cruenta, horrible y devastadora que es la guerra. Eso no se consigue con artificios banales y espectaculares de rimbombante pulsión visual. No. Se logra con un par de vidas que se juegan su integridad por algo en lo que creen necesaria su intervención. Se desarrolla con maestría el guion. Logra transmitir los miedos y fobias de los personajes principales con naturalidad, con sosiego en la rapidez absoluta de sus tempos. Nos lo creemos. Nos sumergimos en una presurosa, constante e incesante acción mental, con épicos momentos de tensión, pero sin llegar a insertarnos en la confrontación trivial.

La ambientación de los espacios, las tonalidades de cada fotograma y la música recrean con exactitud los estadios por los que pasan sus protagonistas. La fotografía, bella hasta en el dolor y aterciopelada en su poso, comunica desde la exactitud cada cambio de trama y desesperación vivido. San Mendes se convierte en un titiritero que mueve los hilos con soltura, capacidad y virtuosismo. Todos se acompasan en una puesta en escena apoteósica y con gran carga semántica en cada secuencia. La pareja protagonista nos sume e involucra en las sensaciones y en las acciones, siendo copartícipes de cada decisión y resolución dramática. Intensa desde la sinceridad, sublime desde el sosiego. Sin duda, tiene su puesto merecido en el mejor cine internacional de 2019.

‘PARÁSITOS’ (COREA DEL SUR, 2019)

Es la gran triunfadora de festivales y críticas de este año pasado. Lo que empieza como un drama social termina con una mezcla de thriller y parábola. Es buena por muchos motivos, pero uno se queda asombrado de la capacidad de sorprender del director. La supervivencia con el mínimo esfuerzo es el lema de la familia protagonista. A partir de ahí el guion nos introduce en un viaje a los más bajos instintos de la sociedad. Asistimos a un análisis del dolor y la supervivencia como método de escape.

La sensación que embriaga al espectador es la de diversión en una pesadilla. Las circunstancias hacen que sus protagonistas abanderen una escalada social desde el engaño. Pero sin saber que las monedas de cambio se pueden pagar caras. Una sibilina e interesada interpretación de que el Sino puede pasarnos factura. Puede reírse en nuestra cara al intentar esquivarlo. El ritmo, las interpretaciones, la crítica a los estatus preestablecidos y los clichés sociales. Todo está remarcado en las tramas.

De forma intencionada, por parte del director, somos copartícipes de una sibilina forma de esconder en el guion pequeñas perlas o críticas culturales y sociales. Es una educada retahila de eufemísticos personajes que lidian con moralina el día a día. Y todo ello hace que la película lata con más fuerza. Su carga interpretativa llena de capas cada uno de los estamentos protagonistas. El infierno social no es el último estadio al que se nos puede defenestrar. Y eso queda claro.

‘RETRATO DE UNA MUJER EN LLAMAS’ (FRANCIA, 2019)

Esta es la más delicada cinta que he visto en años. Es el amor en imágenes, ver sin tapujos y con delicado tratamiento el nacimiento de esas mariposas que echan a volar en nuestro interior al enamorarnos. También es capaz de transmitir todo ello gracias a unas sublimes interpretaciones. Además de la pureza, blancura, transparencia sentimental. El buen gusto, en su justa medida, llena cada secuencia y diálogo. La gestualidad y los silencios se vuelven necesarios para entender lo que se quiere contar. La narración se llena de pequeños mensajes subliminales que el espectador recoge con soltura y analiza en silencio. Un duro despertar al amor, pero vivido en plenitud entrecortada.

Maravillosa creación que capta la profundidad del amor y todos los miedos de esa espera constante y eterna que es la aceptación del sentimiento puro. La historia, simple y certera, te engancha por dentro en una espiral de sensaciones. Sin alardes en su estructura diferenciamos dos partes en las que el punto de inflexión es la aceptación mutua de las circunstancias. No debemos más que admirar las interpretaciones de sus protagonistas. Todo ello desde su gestualidad, hasta su profundidad, todo en sus movimientos y miradas, en sus palabras y entonaciones, en su movimiento corporal… Se compenetran como pareja. En ellas recae el peso de la película y ellas la conducen al éxito. Los diálogos están llenos de sensualidad. Buscan la complicidad del espectador. La ambientación, que juega un papel fundamental, vive la relación en sus mismos sentimientos. Su agresividad y visceralidad nos fluye como las olas reflejadas en cada secuencia. En resumen, es la plasmación visual del nacimiento de un amor no trasgredido ni mediado.

‘HASTA SIEMPRE HIJO MIO’ (CHINA, 2019)

Con la austeridad por bandera, el tiempo es el único capaz de moldear los sentimientos de unos personajes hoscos y agrestes. Personajes que tienen la acción como única forma de expresarse y que viven hacia adentro todas las vicisitudes que la vida o el Sino les impone en su sinuosa existencia. Es una historia que narra la mesura como forma de vida. Dentro de una sociedad y dentro de una mente. Solo el tiempo es capaz de mostrarnos todo el dolor y amor que se puede guardar en unas vidas sosegadas. El camino es duro y estrecho y el guion muestra de forma pausada y tenue ese devenir serpenteante y quebradizo que el espectador recoge y moldea con pasión. Es una trama real, vivida por cualquier niño y padre. Es una historia de choques personales y desencuentros eternos. El tiempo todo lo suaviza y ahí radica el interés.

Sus argumentaciones visuales encogen los helados corazones pero no dejan indiferente al espectador. La respuesta a cada movimiento de cámara es la espera de una respuesta que el fatum no despliega sin causas ni consecuencias. La abigarrada actuación de sus protagonistas, con sus intrínsecas relaciones tóxicas y fallidas, humanizan y añaden credibilidad. Las acciones encajan como un rompecabezas en la mente del espectador, difícil y lento, pero contundente en su catarsis final. Escuchamos los susurros que el director imprime en cada plano, como un canto a la eternidad de nuestras propias vidas. Somos conscientes de que sus elipsis son momentos vividos pero no expresados. El dolor se manifiesta con delicadeza y el guion consigue que acabemos entendiendo la pausada reacción finalista y la visceralidad de antaño. Las dos caras de una vida, o de una moneda…

‘EL PERAL SALVAJE’ (TURQUÍA, 2019)

El director Nuri Bilge Ceylan es capaz de realizar un análisis certero, sosegado y profundo de la sociedad actual a través de los ojos y del devenir de un momento puntual de la vida de su protagonista. Un joven que vuelve al hogar, de un pueblo rural, tras estudir en la ciudad. Busca, no sin problemas, adaptarse a la vida adulta. Los escollos son grandes y su carácter, aún sin forjar, debe adaptarse. El guion nos sumerge con sigilo en un viaje, cuan Dante en la bajada a los infiernos, por la sociedad turca. Los estamentos, sus problemas, sus disquisiciones… todo a través del lenguaje, de sus encuentros, de sus palabras. Recibimos con estupefacción la información necesaria de todos los vicios, dilemas, miedos de una sociedad enferma, pero con esperanza. Ese trayecto en el que el protagonista se topa de bruces con la realidad es maravilloso. Las relaciones familiares, la iglesia, la política, el poder económico… todos nos influyen. En cada día. En cada actividad. Y Nuri Bilge Ceylan nos lo pone en bandeja.

Es una epopeya de pensamientos expresados en todos los formatos posibles. Si logras meterte en su contundente idiosincrasia logrará introducir todos los vicios, virtudes y miedos de una generación en choque frontal con la sociedad que le ha tocado vivir. Su protagonista asiste en solo unos días, pero de gran calado personal, a ese momento de forja de carácter con el que tendrá que lidiar frente a las decisiones que marcarán su futuro. La actitud y aptitud del personaje se cimienta en la expresividad de sus palabras y actos y en cómo de resolutivo puede llegar a ser.

Todo es analizado y puesto en la palestra por el director. Todos los estamentos sociales, económicos y culturales en eterna disyuntiva y confrontación. A través de la vida del protagonista, asistiremos a una magistral secuenciación de lo que se comprende como mundo social. Todos esos factores que la integran y analiza sus relaciones más puras. Posee un guion basado en la palabra y una bella fotografía llena de sutiles momentos de preciosismo impactante. Asistimos a una de cal y otra de arena en una trama pausada pero con contenido. Hay que ir preparado, pero resulta un caramelo difícil de resistirse…

‘LITTLE WOMAN’ (EE.UU., 2019)

La directora es capaz de mantener viva la idea de la historia a pesar del paso del tiempo. Con una estructura diferente a todas las versiones anteriores, Greta Gerwig encaja las piezas de su rompecabezas con un fluctuante e intencionado vaivén. Partiendo desde lo oscuro de su presente, de la tristeza de las circunstancias, nos transporta a lo más bello de su interior. Un viaje explicativo pero hondo, que busca la catarsis para poder conseguir el objetivo. Esa finalidad de renovar el amor por la lectura. Porque la capacidad de Greta es la de implementar, con valor y arraigo, un paso más en la dicotomía de escritora y protagonista.

Eleva a primordial esa doble vía de personaje y autora para renovar los votos de condescendencia hacia el duro papel de la mujer en la época. No solo hace suyo ese canto de libertad y feminismo. Si no que lo carga de contenido y lo reinterpreta con la calidad suficiente como para entender la época. Todo ello con la vitalidad y virtuosismo de un elenco lleno de fuerza y tesón. Unas interpretaciones vividas desde el conocimiento de lo expresado. Un canto a mantener ese amor por la escritura como arma de conocimiento y libertad. Mensajes viejos pero contados con herramientas nuevas. Nunca perdiendo el halo de calidad de antaño.

‘THE FARWELL’

Asistimos a una confrontación a todos los niveles de estilos e ideas contrapuestas: lo bueno y lo malo, progreso y estancamiento, oriente y occidente. Todo lo que se pretende es, desde lo más cercano, desde lo que más amamos, extrapolar un debate abierto a las dudas sobre lo que de verdad importa. Un debate sobre lo que mueve el mundo, sobre el amor y como cuidarlo. El guion es sencillo pero atenuado por toda la carga y simbolismo que en él se encierra. Toda esa profundidad es dispersada en cada diálogo, en cada palabra que nos llega en forma de actos y circunstancias derivadas del entorno. Amparado en la posible rotura de esos estándares agotamos la duda constante hasta una decisión, personal e intransferible de sus protagonistas.

El elenco es una de sus grandes bazas. La delicadeza con que se presentan esos personajes, esa lucha interna y externa por justificar sus pasos y su pasado llena cada secuencia. Sobre sus sentidos actos siempre sobrevuela la culpabilidad, hija de la duda sobre lo que es mejor. Un debate abierto, lleno de luz, con una clara intencionalidad y sobre un tema eterno y atemporal. No hay espectador que no sea capaz de empatizar sobre una realidad en la que nos podremos ver expuestos.

‘EL IRLANDÉS’ (EE.UU., 2019)

No redundaré en la crepuscular visión epopéyica del director. Es, en definitiva, un análisis certero, sosegado y clarividente de una vida. De una forma de vivir, de una Nación en tránsito, en cambio trascendente. Martin Scorsese nos deleita con un personaje adusto, frio y calculador, que esconde desde la moralina su realidad. Justificando, y creyéndoselo, lo acompañamos en ese viaje, que esperamos de celebración, pero es de despedida.

A través de su trama comprendemos que no solo lo acompañamos en su interpretación del momento, si no que nos involucramos en su relato. Un magnífico análisis social y político de una época, donde la sociedad resistía a golpe de entrar sin miramientos en sus dinámicas. Pero, a pesar de ello, el drama personal se gesta en la fría y calculada personalidad de su protagonista. Que Robert De Niro interpreta con gesto adusto e impertérrito. Sin miramientos vive en una elección y fidelizacións constante:

Al Pacino y Joe Pesci son dos engranajes más de una sociedad en apariencia equilibrada. Pero nada más lejos de la realidad. Ese tacto, buen gusto y exquisitez a la hora de narrar las tramas hacen que el film gane en poso interpretativo. Cada secuencia y fotograma rezuma distinción y excelencia. Es una vida más, pero transmitida a través del análisis de una dorada época cuyo reinado ha acabado, para bien o para mal.

‘REINA DE CORAZONES’ (DINAMARCA, 2019)

Es todo lo que una acomodada familia vive por mantenerse dentro de la tranquilidad social y personal. Un análisis tan directo y certero de una sociedad enferma de valores que puede asustar a primera vista. Somos conscientes de que el equilibrio vital pasa por un entorno sano. En esta película se nos enseña visceralmente hasta qué punto se puede llegar para mantener ese tan ansiado estatus.

El desequilibrio, la sinrazón y los instintos más oscuros en unos personajes complejos que prefieren destruir a compartir. Una interpretación de la doble moral imperante en una sociedad escasa de principios y que es capaz de desligar lo personal de lo social. No son descabelladas las conclusiones y la lucha de poderes expresadas en las tramas. A pesar del impacto inicial, se esconde, en su guion, una llamada de atención hacia la reflexión colectiva. No es una lucha primitiva por la supervivencia. Es una lucha por el poder. Todo dentro de un núcleo familiar acomodado y roto por un falso equilibrio. No decepciona a pesar del impacto inicial.

ÉRASE UNA VEZ EN… HOLLYWOOD (EE.UU., 2019)

Tarantino nos deleita con una obra rica en matices pero intensa en intenciones. Reescribe la historia para sus espectadores. No importa el referente, si no que recalcula para pintar, con brocha fina, una época de la historia del cine. Era la época dorada y la plasmó con intensidad. La trama redescubre personajes, ideales, momentos y acciones sublimes pero que en su conjunto eran una forma de vivir el séptimo arte. El director se rodea de actores y actrices que esculpen a cinceladas cada personaje, en roca fuerte pero delicada.

No temen a la historia y nos sumergen en ese cuento onírico que es la realidad soñada. Es capaz de desmontar mitos al mismo tiempo que los erige desde su caricatura. En la película lo importante es el momento grabado, ni cada personaje ni cada trama es el centro. Es la época descrita y asimilada por cada espectador que se cree lo filmado. Una análisis certero en su fondo y que se hace perenne para el análisis. La realidad es un prisma y en el nos hallamos en cada secuencia. Todo depende de la arista en la que nos encontremos.

JOKER (EE.UU., 2019)

Es una de esas películas que se encumbra gracias a una interpretación. Pero, además, tiene ese halo de nueva vía de análisis. Esa santificación de un antihéroe que sucumbe tras la sucesión de dramáticos acontecimientos vitales. Y se añade la rotura clara de códigos sociales para obtener una ‘rara avis’ en la que Joaquin Phoenix logra caracterizarse de forma espectacular.

El terror, el miedo y la desesperación que la mirada del actor imprime a cada plano es capaz de enfriar el alma del espectador. Todo ello acompañado de sus erráticos movimientos. Es una actitud, la de Phoenix, lograda a través de la mimetización de todo y cada uno de sus actos. Palabra, gestualidad y acción van de la mano en un equilibrio fantasmagórico.

La película intenta explicar el camino al que es conducido su protagonista, pero sin justificar. Deposita sobre la mesa cada uno de los factores y elementos que conllevan a la acción o trama. Tanto los sociales, políticos y económicos, como los personales y psicológicos. Se permite licencias en su ambigüedad y con todo ello crea un monstruo, tanto por su calidad como por su mensaje. Es hiriente por la connivencia pero también es realista. El guion se la juega al personaje y a su capacidad de vencer y convencer, lográndolo sin lugar a dudas. Es una creación fuerte, dolida e impactante.

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