Hong Sang-soo

Hong Sang-soo: otro ritmo, mucha palabra

Es un cine diferente. Es un cine propio. Hong Sang-soo tiene sus propias ideas, formas de gravar y un especial entendimiento de lo que es el cine. No es un estilo americano, pero no dista mucho de cierta clase del estilo europeo. Busca, con la palabra y lo cotidiano, llegar a entender los grandes temas de la sociedad y la universalidad. Desde lo más cercano, desde el diálogo con el otro, o con uno mismo. La palabra es el centro, donde reside toda explicación y sobre la que descansa la trama. Para Hong Sang-soo los protagonistas reflejan al espectador como en un espejo de doble dirección. El reflejo reflejado, intentando expresar a través de ellos lo que nosotros mismos nos podemos preguntar.

Técnicamente es simple. Cámara fija, panorámica a un lado y a otro y algún zoom, no siempre coincidiendo con el punto donde acontece la acción o está la palabra. Porque, a veces, lo importante para el director no es coincidente con la acción. Los escenarios siempre son un pilar básico del cine de Hong Sang-soo: los bares, la calle, una sobremesa, los hoteles, las cafeterías. Allí donde más se puede hablar, o debatir, allí está la trama.

CLAVES DE SU CINE

Las mujeres, o los personajes femeninos, son parte primordial de sus tramas. De hecho, siempre hay una actriz que mueve toda la acción. Y, como no, la tan socorrida mezcla de realidad y ficción. Donde Hon Sang-soo se escuda para no discernir o diferenciar entre director y personaje. Entre ficción y realidad. Entre drama y biografía. Todo se mezcla, todo es realidad y todo es cine…

Las claves están claras. Los ítems son siempre los mismos. Son una marca de la casa. Como la metaviolencia en Tarantino. Los diálogos autorreflexivos para Allen. O esa escabrosa y colorida fatalidad en Almodóvar. Se reconoce y diferencia en cada producto. El de Hong Sang-soo no es un cine que llegue a todas las salas comerciales del país. Hay que buscarlo. Es más cine de autor y de festivales. En ellos suele agradar y ser premiado. Es un director que lleva más adulaciones de la crítica que aplausos del público.

Pero con todo ello es un cine necesario. Y es que en la variedad está el gusto. La homogenización de los contenidos impuesta por las grandes ‘majors’ nos deja sin mucho margen de maniobra. Nos amoldan a un producto prefabricado y estudiado de acción. Sin dejarnos pensar, sin momentos para la reflexión, sin momentos para la contemplación o el análisis. Ante eso, la solución está en nosotros. Démosle una oportunidad a otro cine. A otra mirada y a otra forma de entender el séptimo arte y la realidad.

‘EL HOTEL A ORILLAS DEL RÍO’ (COREA DEL SUR, 2018)

Una de las últimas películas de Hong Sang-soo es una carta de despedida de un padre de familia que ve llegar su hora. Las relaciones pasadas entre el padre y sus hijos salen a relucir en sus conversaciones. No entender desde el punto de vista del otro fue lo que los llevó a la incomunicación. En la película se nos ofrece, de forma directa, esa especie de resarcimiento de los errores pasados.

Esa oportunidad de atar todos los cabos. De intentar explicar, con palabras o con acciones, todo el daño que se pudieron infringir pero no de forma consciente. Ese lado crepuscular del punto de partida la hace interesante. Los diálogos son agradables y llenos de interpretaciones. Las personalidades de sus protagonistas se juntan para dar lo mejor de cada uno de ellos. Es la más occidental de sus películas. Es la compasiva de sus tramas. Una película que intenta cerrar una forma de vivir y de pensar.

‘GRASS’ (COREA DEL SUR, 2018)

El análisis se sustenta en esos lugares que nos llenan de libertad para ahondar en el diálogo más profundo. En la búsqueda del entendimiento a partir de la confrontación de la palabra. Hong Sang-soo nos tiene acostumbrados a basar sus películas en la palabra, en intentar expresar en sus alocuciones toda la ontología del ser humano y aquí logra expresar desde la captación robada de esos momentos toda la calidad y sensibilidad que esperábamos. Por todo ello el director llena de vida la situación.

Es el ‘locus’ la parte inicial y final del guion. Se convierte en el mayor protagonista de la historia, haciéndolo centro neurálgico de la apertura expresiva de sus protagonistas. Con todo ello se entremezcla las realidades de los que necesitan expresar, pedir o argumentar su momento más trágico para intentar seguir. Porque de ahí va a salir la solución para sus protagonistas: en la expresión y realización verbal de sus vidas.

‘EN LA PLAYA SOLA DE NOCHE’ (COREA DEL SUR, 2017)

Una película de circunstancias, de diálogos y momentos, pero sin ton ni son, sin un fluir cinematográfico, sin una mera complejidad que las divagaciones de sus personajes. Adolece de nexo. Y para Hong Sang-soo no es un problema de constancia y de pasión. Genera diálogos brillantes, momentos sublimes y extraños giros inconexos que abruman al espectador. No pasa sin pasar, se deja llevar para unir escenas de calidad verbal, pero no visual. Diálogos o monólogos intensos que vibran por momentos pero que se diluyen en el producto final.

La gran baza es su protagonista, Kim Min-he. Se come la cámara, engulle a sus compañeros. Además, se hace el centro de la película, con pasión y visceralidad, con momentos torpes y bellos, a la par que amargos y dulces…Y se corona como un personaje de entusiasmo y padecimiento desdeñado. De contradicciones sentimentales, pero con gancho y garra, sin más finalidad que explicarse y ser explicada. Un momentáneo sinvivir que rellena el resto de la narración.

‘LA CÁMARA DE CLAIRE’ (COREA DEL SUR, 2017)

Lo bello de este film radica en su exótico entretenimiento para focalizar la vida en unas cuantas secuencias y conversaciones. Cómo divagar sobre la profundidad de temas de forma casual y clara, sin cortapisas en su relato. La trama se moldea con un pequeño juego de disfunción temporal, que aviva la narración. Las interpretaciones, intensas y acuciadas por sus poliédricos personajes, viven el fulgor y el destello de las circunstancias adversas, que se crecen con el choque de sensaciones azarosas y aciagas.

El guion nos muestra con facilidad la idea. La desarrolla con virtuosismo, pausadamente, lo que lastra al espectador a una especie de catarsis, de juego visceral donde su búsqueda se une a la despreocupación de Claire. Aún así, esa sensación de inacabado continuo hace que perdamos empatía con los personajes, no todo queda atado y pasa factura al producto final.

‘LO TUYO Y TÚ’ (COREA DEL SUR, 2016)

El estaticismo de su imagen puede llegar a cansar a pesar de su corto metraje. Los planos fijos de diez minutos con el único aliciente de la palabra no está al alcance de todo tipo de espectador. A pesar de su poso, de su gran elocuencia argumental y de una temática interesante, el guion en exceso teatral puede descolocar al espectador. Puede perderse entre lo onírico de ciertas secuencias y la verborrea descontrolada y reiterativa de los protagonistas. A pesar de ello, la combinación de temática actual y de denuncia, que focaliza los problemas de una forma extravagante pero sutil y necesaria, hacen visible esta cinta. Ampliando el punto de vista, no se hace eterna ni cansina. Destacable las interpretaciones, vivaces y sentidas.

‘AHORA SÍ, ANTES NO’ (COREA DEL SUR, 2015)

El ‘leit motive’ puede sugerirnos que las circunstancias o la actitud marca toda nuestra vida. Nuestras actuaciones son el Sino final, el tangible. A priori el cansancio es visible en una cinta que juega con los personajes cuan demiurgo, al antojo de la gracia o de los sentimientos. Un guión duplicado para un momento vital crucial. Desde la supuesta extrapolación de ideas el director nos sumerge en la dudosa intención de lo correcto o lo menos correcto. Sin saber que la personalidad de los personajes son moldeables a su antojo. Unas licencias interpretativas que no merecen la asepsis del espectador.

Las interpretaciones destacan, con unos protagonistas sensibles y empáticos, con un flujo de comunicación más gestual que personal. El abuso de los zooms, que ayuda a remarcar las circunstancias, crea en el espectador una sensación de fábula, de poca realidad, que no se acompaña de otros recursos, como la música ni la fotografía.

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