Festival de Cine Inclusivo de Vigo

La función social del cine: la aportación del ‘Festival de Cine Inclusivo de Vigo’

Hace unos días tuve el honor de formar parte del jurado del ‘IV Festival de Cine Inclusivo de Vigo‘. El honor y la responsabilidad. Los que amamos el cine siempre estamos dispuestos a ver cualquier trabajo cinematográfico. Pero cuando el punto de vista de uno significa algo más que una valoración del trabajo de los otros, esto se convierte en una gran responsabilidad. En este caso, además, no era juzgar solo un producto audiovisual. Era un trabajo y parte de la vida de muchas personas. Porque en el ‘Festival de Cine Inclusivo de Vigo’ los documentales eran alegatos. Eran peticiones. Análisis de las vidas de los implicados. Críticas al sistema. Gritos de ayuda. Y, sobre todo, experiencias de superación sin fin.

En este certamen, como jurado, partí de la base de intentar mantener el difícil equilibrio entre lo visual y lo personal. Entre la belleza y los sentimientos. Pero con un grado más de implicación. Confieso que mi sentimentalismo me puede. Consciente de ello he buscado la armonía con los otros miembros del jurado. Todo un honor y placer debatir con ellos y consensuar los premios. Y he de decir que fueron unánimes todas las decisiones.

Ante este reto, el festival hizo que pudiese vivir lo que las cintas me querían transmitir. Son experiencias duras. Llenas de corazón y amor. Los sentimientos están a flor de piel en cada guion. En la mayoría no hay que interpretar, solo mostrar al mundo sus realidades, sus vidas. Esas realidades que por cualquier circunstancia hacen que la vida de sus protagonistas sean duras. Durísimas a mi entender. Y, tengo que decirlo, casi todas ayudan a empatizar y a relativizar nuestra realidad.

Al fin y al cabo, es el cine una herramienta de principios y valores. De espejo de realidades. De vidas narradas y comprendidas por el público. Sean realidad o ficción, el cine tiene un poder. Tiene una responsabilidad, que a día de hoy se guarda en un cajón. Se pisotea o se olvida. Una función social solapada por la mentalidad reinante: la capitalista, es decir, que el beneficio económico sea el gran patrón que todo lo mida y por el cual sean valoradas. Se trata de un error que nos deja en una sociedad sin corazón, una sociedad sin sentimiento. En definitiva, una sociedad que festivales como éste logran hacer frente. No debemos olvidarnos, como bien repiten en cada documental: nos puede pasar a cualquiera. Lo que viven los protagonistas de esas cintas lo podemos vivir nosotros. Es una realidad.

Por todo ello quiero transmitiros lo que vi y sentí con alguno de los documentales que participaron en el festival. Quiero comentar, desde mi humilde opinión, lo que me hicieron sentir. Y sobre todo recomendaros encarecidamente que si tenéis ocasión los veáis. Porque, a pesar de su dureza, son una experiencia necesaria de ver.

‘Idénticas’ (España, 2019)

Es un documental de sentimientos. No podemos más que alabar la actitud, el esfuerzo y la dignidad de sus protagonistas. La cinta no es el mejor producto audiovisual, pero no deja de ser un trabajo bien organizado, bien equilibrado y con buen gusto. La narración de los implicados es exquisita y sosegada. El guion es un equilibrio constante de explicación de acontencimientos, actitudes ejemplificantes de los implicados y de esperanza ante una situación oscura.

Se puede ver y palpar en la cinta los sentimientos de sus protagonistas. Se explica con claridad meridiana la situación y la evolución de la enfermedad de sus protagonistas. Se expone la implicación de la sociedad en los actos de apoyo. Se transmite con claridad su lucha y su fuerza a pesar de la incapacidad, o imposibilidad, de entender lo acontecido. Es una demostración sosegada de que ante la adversidad la mejor forma de superarla es luchando y no desfalleciendo.

‘Jóvenes invisibles’ (España, 2019)

En esta cinta vemos un gran trabajo de recopilación de puntos de vista. Con un guion muy equilibrado y con un buen juego de los tiempos, asistimos a la realidad del día a día de personas con enfermedades minoritarias. No solo ejemplifica con cautela, buen gusto y sentimiento lo que es para los afectados. Si no que hace que todo el entorno se vea reflejado. Con sus miedos y sus fobias. Con sus aciertos y sus errores.

Es un análisis profundo y bello. Vemos a familiares e implicados intentando explicar lo que significa ser uno de los más de 3 millones de personas que padecen una enfermedad minoritaria. El lenguaje, la puesta en escena y la soberbia calidad visual de lo narrado hacen de este documental una pequeña joya de inclusión. De lo que debería significar el cine social. Transmite valores e ideas. Sentimientos y humanidad. Y, también cabe decirlo, contradicciones y distintos puntos de vistas de cómo enfrentarse a ello.

‘Who says I can´t’ (EE.UU., 2019)

Un producto de calidad. Con un tratamiento de la realidad delicado y con una puerta abierta, constante, a la superación. Un golpe en la mesa a los contratiempos y a la adversidad. Su protagonista, a pesar de lo que se explica en la cinta, es un ejemplo de superación diaria y vital. El entorno nos da una lección de vida constante. La reacción social es también un reto para el protagonista. Y esta ha respondido como es debido. No siempre es así el caso. Pero el mensaje es claro: luchar siempre por que todos tengamos las mismas posibilidades ante circunstancias diversas y diferentes.

‘Peixos d’aigua dolça’ (España, 2019)

La misma realidad y dos puntos de vista, complementarios y formados. No siempre se puede entender todo lo que viven las personas que padecen una enfermedad minoritaria. Pero sí que pueden dejarnos ver, escuchar y sentir lo que ven, escuchan y sienten. Este documental transmite desde sus realidades, la vida y la forma de enfrentarse a ella de dos implicados. Con sus explicaciones del porqué de sus actuaciones.

No hay mejor forma de intentar entender a sus protagonistas para poder conocer la verdadera realidad de sus vidas. Sus decisiones, sus miedos, su día a día se ve plasmado en el documental. No deja de ser una lucha diaria. Por eso no deja de ser una visión necesaria.

‘La promesa’ (España, 2019)

Un alegato a la dignidad. No debemos de acostumbrarnos al dolor. Que conozcamos la realidad del sufrimiento de una enfermedad no debe hacer que la veamos con normalidad. En esta cinta el alzheimer es el protagonista. Pero también la dignidad humana. Mezcla esa doble vertiente para hacer un alegato. Un alegato personal pero con connotaciones universales. Porque todo es política y a todos afecta. Vemos implicación, lucha y dolor, pero siempre con esperanza de que lo que está mal cambie. Esa fuerza que necesitan los enfermos, pero también sus familiares.

‘Todos los caminos’ (España, 2018)

Con este documental estamos expuestos a entender lo que es la implicación social. Asistimos de forma hasta entretenida a una clase magistral de cómo podemos ayudar aunque no seamos los implicados.

La sociedad debe ser consciente de que no debemos mirar hacia otro lado ante el dolor de los demás. Que no seamos los implicados no significa que no podamos ayudar. Y aquí Dani Rovira y sus allegados así lo entendieron. Seas famoso o anónimo, el papel de todos es el de la cooperación. Por muy pequeña que creamos que sea. Compartamos ideas o sentimientos o no, toda ayuda para los enfermos es poca. Además el sentimiento de sentirse apoyados o arropados muchas veces es el mejor premio.

’26 de abril, play again’ (España, 2018)

La dureza de los hechos contrasta con el punto de vista del protagonista. Una vida que cambia radicalmente debido a un sinsentido. Pero en el documental no transmite ese horror. Lo que transmite es que la aceptación de las circunstancias es la gran baza de esta cinta. No se puede vivir en el rencor ni en el dolor. Se tiene que vivir en el hoy y pensando en el mañana. Así, con un trabajo bien equilibrado entre información y explicación, el protagonista nos deja asistir y compartir su vida. Así entendemos cómo llegó allí y cómo superó el traumático cambio para poder seguir viviendo. Es un alegato para entender el dolor y el perdón, o por lo menos a que no influya de una forma más negativa que la consecuencia inmediata.

‘King Ray’ (España, 2019)

La mejor baza de este documental es la explicación desde dentro de uno de los episodios más convulsos del deporte paralímpico. Porque lo que no entendemos es que al final el daño hecho lo sufren siempre los más desfavorecidos. Se trata de explicar que el eslabón más vulnerable es el que paga el sinsentido de nuestras acciones. No es que no ayudemos a cualquier persona con discapacidad. Si no que el egoísmo de la sociedad actual, de nuestro egocentrismo sin fin hace que los más desfavorecidos sufran más. Asistimos a un análisis en profundidad de un acto sin corazón. Vemos sin cortapisas las consecuencias reales de la falta de empatía social con las personas con discapacidad.

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