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Cortometrajes: lo bueno, si breve, dos veces bueno

A pesar de su calidad, los cortometrajes son los grandes olvidados de la distribución comercial.

La distribución de los productos audiovisuales está inmersa en una dinámica muy estricta. Entrar en ese círculo significa acatar las reglas impuestas. Las grandes distribuidoras son las que tienen la sartén por el mango. Los cortometrajes sufren cierto ostracismo en las grandes salas comerciales de nuestro país. Debido a esto perdemos oportunidades de disfrutar de contenidos de calidad. Una dinámica que no tiene visos de cambiar a corto plazo.

Los comienzos de cualquier director o actor siempre están ligados a una de las grandes ‘majors’ del cine. Elegir ésta o aquélla puede marcar el destino de una carrera. Muchas veces los contactos son escasos por lo que los imberbes realizadores buscan la forma de hacerse notar. Una de las fórmulas más utilizadas en la actualidad es entregar como carta de presentación productos ya terminados. Cortometrajes que, tras grandes esfuerzos personales, son una muestra palpable y tangible para los que deben decidir. Los cortos, muchas veces, son un primer paso para el despegue de las carreras de los directores.

El corto como primera parada

Un ejemplo de todo ello es la cinta islandesa ‘Sparrows‘. En el año 2015 se llevó la ‘Concha de Oro a Mejor película’. Lo que muchos no saben es que esa cinta de 99 minutos está basada en un corto. ‘Smáfuglar’ (Islandia, 2008) es la base de la película con la que el director y guionista Rúnar Rúnarsson ganó la Concha de Oro. Si uno ve ‘Smáfuglar’ puede que ya no disfrute igual con ‘Sparrows’ (recomendamos el visionado del corto como último paso). Pero la cinta de 12 minutos le sirvió al director islandés como forma de llamar la atención de los inversores y distribuidores. Tenía ideas, y mejor aún, ideas tangibles. Tanto fue así que el largometraje posterior reunió la sensibilidad audiovisual del director y añadió matices a los personajes. (Como anécdota decir que el director utilizó al mismo niño protagonista, a pesar de que hai 7 años de diferencia entre las dos cintas).

Este caso no es único. Rodrigo Sorogoyen fue nominado este año a mejor Corto de Ficción a los óscar 2019 por ‘Madre’ (España, 2018). Y, si todo sigue su curso, el director madrileño dirigirá una película de idéntico titulo y con la misma actriz principal, Marta Nieto. (Cabe decir que su actuación, en el corto, es impactante e intensa, merecedora de reconocimiento y adulación). Como no, la nueva película, tiene la misma trama, pero ampliada se entiende. Tras ganar 7 Goyas este año, Sorogoyen no es un director novel. Aún así llevó a cabo el modus operandi que comentamos.

Cortos y salas de cine

Pero aunque los cortometrajes sean un primer paso o una idea final, se topan siempre con un muro implacable. El muro de la proyección en salas. Todos tenemos cerca un cine. Ir o no a ver películas es nuestra decisión. Pero lo que ya no tenemos tan a mano es un lugar donde poder ver estas pequeñas joyas de forma habitual. En la gran pantalla, entiéndase. Tenemos que echar mano de los Festivales. Cuando un director o distribuidor empieza a mover su corto siempre piensa en festivales de gran categoría: el ‘Clermont International Short Film Festival’, ‘Palm Springs International Film Festival’, ‘Aspen Shortfest’ o el ‘Manhattan Short’… En clave más local ‘Cortocircuíto‘ en Santiago de Compostela, ‘Play Doc’ en Tui, el ‘Festival Internacional de Curtas de Verín’, el ‘Festival de Cans’ en Porriño, ‘Festival Internacional de Curtametraxes de Bueu’ o el ‘Curtas Film Fest’ de Vilagarcía de Arousa.

Pero los espectadores somos los grandes damnificados con esta dinámica, endógena en el sector, pero también exógena a él. El visionado de cortos en grandes salas de cine es puntual, mínima e irrisoria. La idea de la comercialización de cortometrajes en salas privadas no se da en nuestro día a día. Ni individualmente ni en grupos. ¿Y qué nos perdemos? Pues pequeñas joyas capaces de emocionar, hacer sentir o transmitir. Si es difícil condensar en hora y media toda una historia, más difícil es hacerlo en veinte minutos. Pero no imposible. Y comprobar esa capacidad es lo que perdemos todos los cinéfilos.

Por último hemos seleccionado, cómo no, varios contenidos de calidad y que tenéis a mano en cualquier servicio de vídeo bajo demanda o en distintas páginas web. Son cuatro cortometrajes ganadores de premios y que sorprenden por su calidad y temática. Disfrutad con ellos, porque, ya lodice el refrán: ‘Lo bueno, si breve, dos veces bueno’.

‘Madre’ (España, 2018)

El corto de Sorogoyen aúna calidad técnica e impacto dramático. Un único plano secuencia que hace las delicias de los más puristas. Una fotografía impecable y, sobre todo, una historia intensa, desgarradora. En menos de 18 minutos la trama se apodera del espectador. La tensión, ‘in crescendo’, se cuela entre una vigorosa actuación de la actriz, Marta Nieto, y la trémula narración visual. Se representa, sin cortapisas, el miedo de una madre, la impotencia de no tener el control. Hasta qué punto nos podemos ver sobrepasados por no poder ayudar a los que más queremos.

‘Matria’ (España, 2017)

Álvaro Gago Díaz ha sabido narrar con delicadeza y rotundidad el hastío y el sufrimiento silencioso. Un compendio de maltrato social representado en un personaje cercano. Con indolencia real vemos lo que es llegar a perder los incentivos y lo que es avasallar y destruir la mente de una persona. Se representa ese tipo de personajes que carcomen en el día a día nuestra vida, esas personas que nos destruyen por arrebatarnos nuestras ansias de superación. A través de la vida de una mujer conservera ejemplificamos la subyugación del patriarcado. Directa, impactante y tenebrosa.

‘Cerdita’ (España, 2018)

Aunque partimos de cierta intencionalidad ejemplificante, no busquemos en este cortometraje una salida a nuestros miedos. ‘Cerdita’ busca reunir en sus poco más de catorce minutos un rayo de esperanza. Una denuncia frente al acoso. Una victoria no solo moral de lo bueno frente a lo malo. Si no real. Un sentimiento de resultados a corto plazo como solución creativa. No es realista, es cruda y osca. Sin violencia explícita sentimos el dolor y sufrimiento. Sin vehemencia visual se apodera de nosotros un sentimiento de angustia. Toda una declaración de intenciones sobre lo que el karma puede llegar a hacer. No justifica ni moraliza pero entretiene gracias a su imaginativa trama.

‘Period. End of Sentence’ (EE.UU., 2018)

Esta pieza estadounidense fue la ganadora del ‘Mejor cortometraje documental’ de los pasados Óscar. Una magistral y entretenida forma de explicitar cómo la acción puede conllevar desarrollo. De cómo la unión hace la fuerza. Expone las claves de una situación desgarradora fruto de siglos de controvertida (des)educación y aplastante dominio androcéntrico. Esto conlleva a que se exponga de forma clara y concisa la solución. una de ellas, que a pesar de no ser la mejor, da sus resultados. Con ritmo, con gracia y humor nos da las claves de la acción humanitaria. De lo que puede llegar a valer un pequeño gesto para el que necesita ser ayudado. No destaca por su calidad audiovisual, si no por la elección del tema y como lo desarrolla.

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