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‘Bodyguard’: la BBC repite las claves del éxito

La calidad no está reñida con el éxito. La BBC lo ejemplifica con una apuesta por series variadas y con gancho. Bodyguard es otro de esos ejemplos.

La escena de arranque de la serie es merecedora de aparecer en la última película de acción más taquillera. Una escena que bien podría entrar en un guion de ‘James Bond’ o ‘Misión Imposible’. A partir de ahí empieza el deleite del espectador. Rápida. Profunda. Tensa. Con gancho. Intrigante. Con poso. No hay un capítulo que no sorprenda. Quieres ver más… más y ¡más!… ¿Por qué? Desgranamos cuatro claves de la última serie de la BBC que nos encandiló: Bodyguard.

1. Como base un buen guion

No es un thriller más. Es un thriller con los cambios de guion justos para mantenernos atentos. Pero sin que se hagan incomprensibles o delirantes. Las series actuales están abonadas a los giros inesperados, a los llamados plot twist. Tan intensamente que pierden el toque de credibilidad o verismo. Bodyguard es capaz de mantener abierta la trama hasta el final. Pero antes mantiene los puntos de tensión necesarios dentro de cada capítulo para ir desgranando a cada personaje. El truco es tener al espectador buscando conocer a sus protagonistas poco a poco. De tal forma que entienda lo suficiente para que no le aburran pero sin pasarse de frenada. Los giros de guion son la especialidad de Jed Mercurio, creador de series como ‘Line of duty’. Y aquí los disemina con peculiar sabiduría.

2. La multicausalidad como explicación

Nada es lo que parece. Nada es simple. Bodyguard no es una serie sobre terrorismo. Ni es una serie sobre la política actual. Es una serie capaz de demostrar que nada está definido y que todo está relacionado. Lo que empieza como un frente común contra el terrorismo acaba entrelazándose con las cloacas de la política actual y la defensa de las libertades. Deja entrever que el discurso del terror no tiene otro objetivo que el de recortar libertades y mantener el ‘statu quo’. Esa situación que aunque creemos que la manejamos está fuera de nuestro alcance. Y de muchos otros que si creen manejar. La habilidad de mantener la sospecha y los frentes abiertos dan explicación a todo el contenido.

3. Personajes poliédricos

No se puede crear un personaje plano y creer que por su cabezonería le hará llegar hasta el final de la trama. Aquí, David Budd (Richard Madden), exsoldado y con oscuras ideas iniciales, se labra un personaje con sus más y sus menos. Que peca como humano y que toma decisiones con profesionalidad. Está lo bastante atormentado como para dudar pero siempre con un objetivo que lo mantiene cuerdo. Su ‘partner’, Julia Montague (Keeley Hawes), se muestra con las ideas claras pero con sus cartas sin descubrir. Un tándem que hace crecer la idea de que cada personaje y trama creada llenan al espectador de la desconfianza necesaria como para querer descubrir sus motivaciones y anhelos. qué es lo que los mueve. Qué es lo que sienten de verdad. Un enigma que tenemos que descubrir paso a paso.

4. Bodyguard, una visión de igualdad

Ya lo habíamos visto en ‘The Fall’ (Reino Unido, 2013), pero con Bodyguard se materializa. La igualdad es una apuesta firme de la BBC. Crear personajes femeninos en cargos y puestos de relevancia van en el camino adecuado. El machismo se huele en las dos series, está presente. No de forma directa, pero hay situaciones que rezuman ese tufillo. Con sus personajes femeninos empoderados se manda una idea clara al espectador: el sexo de los personajes no es relevante. Hasta el punto de hacernos ver que ellas tienen el poder (la posibilidad de ostentarlo sin distinción). Desde la ministra hasta la directora de la Policía Nacional, pasando por mujeres terroristas, madres coraje y conspiradoras en la sombra. Ya es hora de dar una visión de igualdad real.

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