Berlinale 2017: premios que no contentan pero aciertan

Los festivales tienen que ser lo suficientemente egoistas como para no premiar por el qué dirán. No se puede contentar a todos, pero se puede repartir en sensibilidades, o dicho de otra forma, ser capaces de ver más allá de un estilo único. Últimamente en estas citas anuales de gran importancia para los cinéfilos parece que se lleva la transgresión, eso de impactar y dar titulares con premios a la indiferencia y hasta al bochorno, aunque hay algunos, que por su historia tiene joyas detrás, varían mucho dependiendo de la presidencia del jurado que se elija.

Este es el caso de la Berlinale 2017 que tiene una lista de premiados sensible y de calidad y que, a pesar de ello, no tiene que agradar a todos por igual. No hace falta recordar que en Berlín se consagraron joyas como la impactante ‘Nader y Simin, una separación’ (2011), la impresionante ‘La mirada del hijo’ (2013) o la brillante ‘El viaje de Chihiro’ (2002). Este año no se le puede reprochar al jurado el buen gusto y la calidad de sus premios, y a pesar de que la sensación es buena muchos esperaban otras sensaciones.

El Oso de oro a la mejor pelícla fue para la húngara ‘De cuerpo y alma’, una bella, pulcra, sensible y gran oda a la búsqueda del amor, que con gran acierto la directora situó y grabó con delicado formalismo, impactante calidad y llena de contrapuntos en guion y tramas.

El Oso de plata a mejor director fue para un viejo conocido: Aki Kaurismäki con ‘El otro lado de la esperanza’. Su humor, transgresión y estilo propio hacen de esta película una impactante recreación y crítica a problemas actuales que con su típica y mítica nueva revisión de flema humorística llena corazones e impacta en realidades.

El Oso de plata al mejor guion fue para ‘Una mujer fantástica’, que con su calma guionizada quema la mirada de los espectadores al realizar una bella inmersión en el cansancio de la lucha diaria de su protagonista, que pulveriza el horror imaginado con sus palabras e imágenes, con sus actos y tramas. Una llamada directa a la cordura y a la sensibilidad.

La mejor ópera prima fue para la catalana ‘Verano 1993’ que magistralmente la directora plasma en un guion sublime lleno de yagas estilísticas que supuran credibilidad, afectividad y ternura sin olvidarnos de la crítica a la sinrazón del miedo y a la expresión de los sentimientos.

¿Qué se le puede achacar a estas cuatro premiadas? Nada. Diversas, diferentes y excelentes. Podrían ser otras, pero todas con su ávida necesidad de expresar y denunciar, de compartir y de hacerse vivir.

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