adolescencia y cine

‘Coming of age’: las inquietudes de la adolescencia a través del cine

Todos la vivimos. La adolescencia deja marca. Pero a veces las circunstancias no ayudan a pasar por ella de una forma tranquila. Son muchos los descubrimientos durante esos años. Pero, en general, es una etapa que ayuda a forjar carácter y personalidad. No somos niños, pero tampoco adultos para enfrentarnos con madurez al envite de la vida. El llamado cine ‘coming of age’ no es cine de adolescentes o para adolescentes. Al menos no necesariamente. Se trata de cine que analiza y pone sobre la mesa las inquietudes más cercanas o habituales a esa edad. No quiere decir que sea ese el público al que van dirigidas. Muestra, por así decirlo, un viaje de los personajes que de alguna forma maduran.

Un adolescente no posee las herramientas personales para hacer frente a todo lo que puede acontecer. Pero hay historias que ayudan a entender cómo salir adelante ante esos problemas. Hay historias que son necesarias para entender la situación. El cine nos ayuda a interiorizar los riesgos y las circunstancias. Cada historia, sea grande o pequeña, es importante. Intimistas o grandes dramas, todas tienen su razón de ser. Necesarias e imprescindibles. A veces el cine ayuda. A veces el cine importa.

GRANDES HISTORIAS PREMIADAS Y FAMOSAS

Repasamos historias ‘coming of age’ que pueden marcar al espectador, tanto sea por su belleza, como por su temática. Bien sea por su tratamiento como por su relevancia social. Al fin y al cabo el cine es una forma de acercarnos a los demás entendiéndonos a nosotros mismos. Un cine de aprendizaje. Intentaremos seleccionar películas menos conocidas para el gran público. Hay grandes historias ‘coming of age’ premiadas y famosas. Desde ‘Call me by your name’ (Italia, 2017), pasando por ‘Juno’ (EE.UU., 2007) o las míticas ‘Cuenta conmigo’ (Estados Unidos, 1985) o ‘El club de los cinco’ (EE.UU., 1985). Las series no se quedan atrás: ‘Stranger things’ o ‘Por 13 razones’ son claro ejemplos. Pero hoy elaboramos una selección de películas menos conocidas pero muy recomendables:

SOLE (ITALIA, 2019)

Un chico sin oficio ni beneficio intenta sacar dinero con un negocio que le propone su tio: casarse con una inmigrante embarazada para así legalizar su situación y dar en adopción al niño. El problema surge cuando el roce hace el cariño.

La belleza de ciertas interpretaciones es ver que el personajes es tan real que si cambia de modus operandi sentiremos ese choque como nuestro. Aquí pasa eso con sus dos protagonistas. Vemos crecer el miedo ante lo desconocido. Vemos crecer la lucha interna ante algo que no es esperado. Las decisiones vitales son de difícil resolución. Más si no dependen de uno. El guion nos ayuda a entender la dependencia vital que tenemos en la adolescencia. Hasta tal punto que un cambio de rumbo no es solo una decisión. Es una acción meditada y ajustada al sentimiento personal de cada personaje. Ese trabajo de moldeado de los protagonistas es un bello trabajo actoral y que pone sobre la mesa una situación social grave y real. Una película que señala a unos culpables y ejemplifica unas consecuencias.

NEVIA (ITALIA, 2019)

Nevia aprendió lo que es la vida desde muy temprana edad. Vive con su hermana pequeña y su abuela en un barrio pobre de Italia. Intentar cuidarlas y cuidarse es lo que la guía. Pero siempre llega el momento en que debe elegir una forma de vida, un futuro, le pese a quien le pese.

Nevia descubre y entiende lo que es acomodarse a una forma de ser, de pensar y de razonar. El detalle con lo que la personaje principal es capaz de entender el mundo que la rodea y empezar a forjarse una personalidad es exquisito. Su crecimiento es bello y delicado, expuesto para el espectador que es capaz de ver y sentir esa etapa paso a paso. Vemos que ese enfrentamiento a sus propios gustos está condicionado por el entorno, que a pesar de él es capaz de conseguir forjar y crear su propio camino. Ese punto de rebeldía es una consecuencia del aprendizaje interior y de los años de experiencia que lleva encima. La naturalidad con la que el guion, con su trama y sus acciones, es capaz de mostrarnos todo ese desarrollo hace que vivamos con el personaje toda la historia, la hagamos nuestra.

ALL FOR MY MOTHER (POLONIA, 2019)

No conocer más que orfanatos en toda su vida es la historia de la protagonista. Su única ilusión y cometido es poder encontrar a su madre que la abandonó de pequeña. El problema es cuando entiende que su única ilusión es una quimera que la ha hecho sufrir demasiado.

El realismo con que se nos presenta a su protagonista es de una belleza muy cruel. Comprender que se nos derrumba todo lo que ansiamos y necesitamos es lo que mejor retrata esta interpretación. Su protagonista vive el dolor y la inconsciencia de buscar una finalidad a su vida. Su inmadurez es solo un síntoma más de la irresponsabilidad social que permitimos en nuestro día a día. La trama se basa en ese viaje introspectivo de conocerse y conocer a la protagonista y su brusco impacto con la realidad.

Ese conocimiento es una salida hacia la luz de la responsabilidad y una nueva búsqueda. Ese camino, pedregoso y agreste choca con la inocencia inicial. Ese cambio es de una dureza infinita. Un cambio de realismo e impacto pero que la protagonista hace suyo con su expresividad y su sensibilidad frente a la cámara.

NOCTURNAL (REINO UNIDO, 2019)

Pete es un treintañero con una vida simple: trabajo y salir de fiesta. Un día empieza a obsesionarse con Laurie, una chica menor de edad del colegio en el que trabaja. Su relación irá creciendo sin saber muy bien si lo que buscan es lo mismo y hacia donde los llevará.

Un bello y trabajado ejercicio de creación de atmósfera en personajes atrayentes. Con fino trazado nos recreamos en unas circunstancias etéreas que nos llevan al equívoco, enseñándonos el camino de la duda en todo momento. Ese camino en el que nos tropezados a diario pero que siempre es el elegido. Unas personalidades instintivamente fuertes que buscan sin saber el qué pero siempre desde el instinto más natural. Vemos que la trama deconstruye para reflejar las sombras de lo que vemos, y así ejecutar con maestría el juego de reflejos. Sin piedad.

Los destellos ciegan a la duda y ejercitan su labor. Cuando el conocimiento atrae el entendimiento nos sumergimos en el interior de sus protagonistas. La trama, sencilla y sin tapujos, nos conduce desde el vacilar inicial a la elección final, haciéndonos ver que las equivocaciones del camino no deben hacernos dudar de nosotros mismos y, así, poder tomar las decisiones con claridad. La pareja protagonista muestra su química sin paragón. Lleva el peso de la película en un duelo de juegos eternos y de sentimientos encerrados.

ACID (RUSIA, 2018)

Todo un manifiesto de la falta de incentivos, valores y principios de la juventud de hoy en día. La falta de referentes o una esperanza hace que los protagonistas no teman a nada ni a nadie. Ni siquiera a sus supuestos amigos. Fiestas, alcohol, sexo… el día a día de sus vidas.

Exquisita en su frialdad. Una oda a esa sensación gélida de no tener un motivo, una causa o un sentimiento que te guíe o que te agarre a la realidad para luchar o sobrevivir. Nos dejamos llevar, cuasi como autómatas seguimos sin saber a dónde vamos. La búsqueda de un ‘leitmotiv’ que nos llene de ansias y fuerzas es implacable a la hora de continuar, o simplemente, empezar el camino. El guion juega con la banalidad de los que no necesitan, teniendo todo o careciendo de ello. No son diferentes las causas, pero siguen siendo iguales las consecuencias. Esa falta de ansias de generaciones que no se ubican lo explicita la trama en sus secuencias, en sus actuaciones y en sus personalidades. Cada imagen fría y conservadora llena de entendimiento a cada personaje. Los diálogos intentan desgranar y explicar las acciones pero sin llegar a empatizar con un público herido. Convivir con esa búsqueda eterna hace que no se consiga entender el camino.

VERANO EN BROOKLYN (EE.UU., 2016)

Los lazos de amistad que surgen entre dos chicos de distinta clase social se verán puestos a prueba. No siempre somos conscientes del daño que puede hacer a los que nos rodean nuestras actitudes radicales.

La sensibilidad con la que la directora hace de espejo de una realidad poliédrica, con el cariño de una estética muy cuidada y la facilidad de un guion más que trabajado, llega al espectador en forma de empatía supina con sus protagonistas. Rabia contenida por la complicidad adquirida y absoluta comprensión con la estrepitosa realidad que nos llega a doler, pero siempre con un punto de resentido entendimiento. El sentimiento expresado entre los dos niños protagonistas rebosa dulzura, frescor, chispa y calor… sensaciones que llenan una historia de amistad, primer amor y ruptura con la adolescencia para llegar a la frustración de la madurez… Un claro ejercicio de dicotomías, de contraposiciones y con el gusto suficiente como para dejar entrever las circunstancias de los protagonistas. La elección de los planos secuencia, animados por una música vívida y animada, matiza la historia, esa historia que todos vivimos en algún momento.

JEUNE JULLIETE (CANADÁ, 2019)

Ser una chica diferente y con sobrepeso en la adolescencia deja marca. Intentar ser aceptada es lo que busca Juliette. Pero muchas veces formar parte del grupo hace que no seas tú mismo. Ahí radica el paso a la madurez. Ahí tiene que decidir Juliette.

Es la naturalidad y la falta de filtro lo que nos engancha y nos hace creer que todo es posible. No se nace aprendido y Juliette lo demuestra en sus erráticos movimientos y en sus ensoñaciones amorosas. Todos hemos vivido y sobrevivido a esa etapa en la que se nos caen nuestros idealizados modelos paternales y descubrimos que no somos ni son perfectos.

La película narra con fluidez y elegancia los diversos tropiezos y erráticos bandazos que la protagonista sigue para intentar forjar su carácter y descubrir a golpe de choques directos lo que es tener madurez. Un ritmo rápido, una narración divertida e irónica, una mezcla de visceralidad y musicalidad visual logran que la trama no sea la de siempre. No veamos un producto refrito si no un personaje diferente, vivo y con ilusiones que choca por primera vez en la tristeza de la realidad. La supervivencia mana de la aceptación personal y ese tortuoso camino es el que debemos marcar para que el destino sea el que nosotros elegimos. Y Juliette así lo comprende tras varios intentos. Las interpretaciones se llenan de jovialidad y franqueza. La sencillez con la que se muestran los diálogos y situaciones les añaden un valor confiabilidad.

LA INOCENCIA (ESPAÑA, 2019)

Lis vive en esa etapa en la que su único fin es pasar un verano lo más divertido posible. Los problemas que empieza a ver a su alrededor son un motivo más para intentar escapar de la madurez. Hasta que tiene que tomar una decisión vital.

Responde a la finalidad principal, es creíble, es directa, es clara y es natural. Tenemos que agradecer el gran trabajo de perspectiva con el que juega la dirección, para exprimir al máximo esa actitud tan natural con la que sus personajes actúan y se desenvuelven en las tramas. Sin exprimir el dramatismo lo transforma en visceralidad momentánea que empatiza con un público capaz de entender aunque no comparta. Esa inocencia es tratada con delicadeza y versatilidad por unas actuaciones llenas de vida que con matices nos deleitan. Un trabajo de entendimiento desde la distancia. De análisis causal pero sin culpabilizar, siendo la acción primordial en la trama pero no en la visualización del trasfondo.

La elección de un encuadre tan cerrado ejemplifica esa necesidad abrumadora de apertura de su mundo, de su espacio vital, más allá de lo físico. Esas ansias de crecer quedan lanzadas desde la protagonista a través de sus sueños, efímeros a veces y escasos para muchos, pero que son el motor de su vida, a pesar de las circunstancias y los baches del camino…

PÁJAROS SIN ALAS (SUECIA, 2018)

Una aterradora visión de una generación que carece de motivación y finalidad en su vida. Un análisis impactante de lo que las circunstancias y el ambiente pueden inculcar en los más pequeños. Hay una generación que lo único que le importa y espera es ser madre o padre a los 16.

Es aterrador asistir al conocimiento de la castración vital de parte de la sociedad que no es capaz, de forma propia, de entender todas las posibilidades de romper con los clichés. No saben buscarse una meta o un gusto propio para no llegar a conformarse con lo más fácil. Es desalentador ver cómo esa sensación de conformismo sinfín, eterno y desalentador del pasado vuelve a circular por las generaciones actuales. El documental enseña de forma sublime y con varias tramas superpuestas en un ejercicio de relaciones, un mundo lleno de resignación. La idea del esfuerzo y la lucha por la superación quedan castrados en unas circunstancias mínimamente adversas.

En este caso, el guion hace un trabajo lúcido de complacencia para una generación adormecida. Enseña los vicios del dejar pasar el momento y ni el supuesto esfuerzo, aparente, de lucha es en sí mismo tal. Los personajes protagonistas son una paleta colorista y uniforme de sensaciones realistas e inteligibles por una mente crítica. Es una plasmación colorida y sensacional de una realidad palpable a nuestro alrededor. Es un trabajo lleno de capacitación moral para desgranar los fallos del sistema, las carencias afectivas y la falta de constancia social que nos rodea. Una historia desgarradora y dura, pero necesaria.

LA HIJA DE UN LADRÓN (ESPAÑA, 2019)

Acostumbrada a estar sola y tirar hacia adelante, Sara se busca la vida con trabajos precarios e intentando que la quieran. Pero sus ansias de tener un futuro más tranquilo chocan con la realidad. La soledad es una losa que le pesa mucho.

El drama se oculta en lo que no nos deja ver. La cuestión está escondida en lo que su protagonista intenta tapar y enterrar en los más profundo. Pero que casi sin percatarse le sale del hondo de su ser. Un carácter forjado a través de los golpes de la vida a pesar de su corta edad. No deja de ser una niña que sobrevive con el dolor y la desconfianza, que sobrevive sin más ansias que descansar de lo azaroso de su tiempo. La trama nos enseña que la madurez que representa este personaje es un espejismo de aflicción desmedida. No es un proyecto de vida, es un mantenerse en pie por todo lo que la rodea.

Aquí el guion muestra de forma natural y sin complejos la cotidianidad de seguir adelante, pero también el reconocimiento de lo que rodea a la actriz principal. Sus momentos de búsqueda de cobijo, de cansancio extremo, y hasta su elocuencia al intentar buscar cobijo. Greta Fernández arrasa en en esa fórmula de ingenuidad y sencillez con momentos de llaneza que transparentan su falta de entendimiento o de profundidad de su raciocinio. No es una forma más de elección de vida. Es una supervivencia causal.

JAWLINE (EE.UU., 2019)

Austyn es un joven que se siente solo y reprimido en un pequeño pueblo estadounidense. Pero tiene un sueño. Fomentar sus perfiles en las redes sociales para ganarse la vida y salir de esa opresión. Pero cuando conoce el verdadero negocio que hay detrás sufrirá lo que le escondía su sueño.

Una mezcla entre desesperanza e incredulidad nos embarga a cada paso de una trama compleja por su realidad oculta e intensa por el juego de sentimientos que conlleva. Estupefacto queda cualquier espectador que sin ninguna barrera asiste a una realidad creciente en una vacua sociedad donde engendramos personalidades de usar y tirar para acrecentar nuestro consumismo. Y les hacemos copartícipes desde la mentira de nuestros logros. El mal que nos acecha tiene piel de constancia y alma de capitalista.

El documental logra hacernos copartícipes de los dos puntos de vista. De lo que puede conllevar para uno de los protagonistas el lograr, desde la nada, la aceptación social de unas redes sociales encarnizadas y deshumanizadas. Y lo que significa en realidad para el entramado capitalista y deshumanizado de las redes (personificado en un ‘mindundi’ sin escrúpulos). El guion juega no solo con los dos puntos de vista, si no que da una salida a lo que sería el logro de esa aceptación. Y aún peor, la trama continua manteniendo en al aire la realidad, la cruda y deshumanizada realidad que es el mantenimiento de esas estructuras económicas y sociales que se alimentan de sueños y deseos destrozados.

En el documental se ven muchas necesidades, muchas carencias afectivas de una etapa vital crucial. Muestra con claridad los fallos, los errores que tenemos como grupo social y deja claro que un simple apoyo solo lava el problema, no lo erradica. Preguntas incuestionables que con un poco de interpretación dejan helado a cualquier espectador.

ROCKS (REINO UNIDO, 2019)

Rocks lleva una vida acorde a su edad, con sus amigos y su familia. Con sus sueños y sus estudios. Pero un día la responsabilidad llama a su puerta y no está preparada para gestionar algo que no eligió ni está preparada.

La calidad fílmica de la película le añade un valor cuantitativo. El cualitativo se lo da la expresividad de su trama, donde sin alardes dramáticos asistimos impávidos a una realidad dolorosa, cruel y cruenta que convive en nuestro núcleo social, sin que lleguemos a entender el punto de no retorno de tales situaciones. El punto de vista que elige la directora edulcora o lleva al remanso los momentos de interpretación, haciendo llevadero el análisis, pero no por ello carente de dolor o brutalidad. Los sueños son destrozados y arrancados de raíz llevando a una parte de la sociedad a una muerte social lenta y angustiosa.

El guion tiene ese toque delicado para que podamos recrear las sensaciones vividas por su protagonista, que mezcla eses momentos de ruptura del dolor para poder sobrevivir en la selva más sanguinaria, la de la supervivencia sin entendimiento. Los resortes que Sarah Gavron nos expone sientan las bases para que el espectador pueda asimilar, sin caer en lo obvio. Entender que los principios se tienen que sobrellevar es la finalidad del mensaje, pero la supervivencia es el modo de resarcirse ante el dispendio vivido en muchas familias desestructuradas.

FOURTEEN (EE.UU., 2019)

Un recorrido a lo largo de los años de dos buenas amigas, Jo y Mara. El paso del tiempo empieza a resquebrajar su relación. Una empieza a forjarse una nueva vida, con pareja y trabajo. La otra cae en una espiral sin retorno. Los motivos son siempre los mismos, pero no los queremos ver.

Bello tratamiento del crecimiento personal y vital de dos personajes femeninos que parten de la misma sintonía sentimental para verse arrolladas por la vida en general. No deja de agradar el limpio y pulcro tratamiento de todo tipo de evolución mental de las protagonistas, que sin dejar de crecer se diluyen en su partición vital. Cuando pensamos que la vitalista visión de la juventud se apaga por el paso del tiempo, asistimos a pequeñas joyas como esta que nos aclara que la evolución no es retroceso, que el cambio no es retorno.

La directora se empeña en visualizar las causas y efectos de las piedras de dos caminos paralelos y cómo puede afectarnos sin que por ello dejemos de avanzar. La toxicidad de muchas relaciones no siempre está representada con la delicadeza necesaria para hacerlas inteligibles. Aquí vemos como podemos asistir a un rechazo directo a los prejuicios de actitudes diferentes, de inexplicables giros de carácter y de comprensibles necesidades sentimentales y mentales que no siempre son la tónica imperante pero que nos engullen sin percatarnos de sus consecuencias casi destructivas. Intentando ayudar y resolver, las protagonistas se pierden sin necesidad de abruptos giros y sinsentidos. La naturalidad es la pieza fundamental de este mosaico de elipsis y huecos narrativos sin complejos, tan bien materializado que no somos conscientes de su trabajo.

DRESSAGE (IRÁN, 2018)

Ser capaces de ser coherentes puede darnos problemas. La protagonista intenta seguir a su corazón pero ni su familia, ni su entorno la dejarán ser como ella desea ser. ¿Será capaz de mantener su palabra a pesar de que eso destruirá todos sus sueños?.

Una película que nos recuerda la lógica de pensar sin cortapisas, sin todas las lentes que amansan nuestro espíritu crítico. Una película que nos recuerda que las convenciones sociales muchas veces tergiversan nuestra alma, nuestros sentimientos. Una oda a la elegancia del saber estar. Un canto al contraataque de lo establecido, del poder. El guion vive al unísono de los pasos errantes. Siente las necesidades de sus protagonistas y, desde la perspectiva del desencanto, busca acercarnos a la transigencia de lo debido.

Gran parte de la cercanía de la historia se cobija bajo el paraguas de un lenguaje sólido, creíble y cercano. Unas tramas inspiradas de proximidad y sin rimbombantes acciones. Expresa con exactitud un carácter y las esperadas y cáusticas reacciones de sus allegados. Vemos los límites claros y definidos de unos protagonistas estereotipados, pero no por ello desdibujados. Esa mezcla de reacciones intensas le da calor humano a sus protagonistas. Al final cada secuencia en tiempo real, cada silencio diáfano, cada muestra expectante dilucida el choque entre lo que debemos hacer y lo que haríamos. Pero aquí es cortado de raíz por su protagonista.

BROTHERS (TURQUÍA, 2018)

Yusuf regresa a casa tras cuatro años fuera. Ha cumplido con la ley y ha pagado lo que ha hecho. Pero ni su familia ni su entorno dejarán que se olvide. Y la verdad siempre aflora por algún lado.

No vamos a encontrar una película de actos rebuscados. Encontramos una película intimista, fiel reflejo del silencio que esconde el drama interior. La lucha interna de su protagonista es replicada con silencios, con abrumadoras acciones de ausencias. El largo calvario de un joven que se autoinculpa en las vicisitudes de su vida, que justifica los reveses más intensos. Llega a transmitir sin necesidad de artificios ni giros llenos de vehemencia o exaltación. Su única arma, la del director, es la genial interpretación de Yigit Ege Yazar. Esa mezcla de personaje atribulado y callado que esconde en el metraje una rabia contenida mayor que la potencia o pasión de una discusión, que la parafernalia de una disputa, que el ruido de una hecatombe.

Sus miradas, su expresividad corporal es un fiel reflejo de un sentimiento atroz de culpabilidad. Ömür Atay, además, disemina en la cinta un reflejo de la sociedad con ejemplos en todos los estratos. Política, cultural y económica. Las acciones más deplorables se contraponen al único reducto de lucidez, que se vislumbra como faro de corrección, pero no siempre en el camino adecuado: su protagonista. Sus elecciones vienen a demostrar que el purgatorio puede ser un mejor espacio para vivir que el cielo.

BLOSSOM VALLEY (HUNGRÍA, 2018)

Bianka y Laci son dos jóvenes que se conocen en el momento adecuado. Pero su inconsciencia sobre lo que es la responsabilidad de la paternidad los hace llegar a un punto de no retorno donde todo irá en su contra.

Es tal la mimetización de la historia a la parte física de sus personajes que nos sumergimos en la realidad ficcionada gracias a su expresividad, tanto interpretativa como corporal. Su distraída realidad casa con la desorientación argumental. A veces nos dejamos llevar, y eso es bueno en una trama que sin ton ni son reproduce las sensaciones de sus protagonistas. Un viaje paralelo que se conjuga sin necesidad de artificios.

Realista o no sentimos y vivimos esa inocencia a la par que necesitamos sus asfixiantes impactos. Tomi Kosynus y Berényi Bianka llenan con su luz un oscuro sistema de necesidades, de aprovechamientos sociales, de falta de afecto y comprensión. La calidez de su fotografía acompaña a sus complicidades momentáneas, pero no dejan escapar su confusión vital o ininteligibilidad social.

APRENDIENDO A VIVIR (ISRAEL, 2017)

Muchas veces lo que uno quiere y lo que uno debe no está en el mismo lado de la moneda. Asher debe elegir entre lo que le pide su padre y lo que quiere hacer. Pero las circunstancias lo obligan a tener que decidir antes de tiempo.

Un retrato difícil de no querer, con un realismo típico de personajes poliédricos, con aristas intensas, con diálogos penetrantes y directos. La vehemencia de las actuaciones hace sombra a la naturalidad del devenir del guion, que impacta por su naturalismo. Es una historia de contar todo con la simplicidad de la realidad. La impactante naturalidad radica en las tramas, que no están impostadas ni esgrimen los giros radicales de sus historias.

Las interpretaciones se enaltecen con unos personajes llenos de complicadas actuaciones, donde dejan volar las posibilidades del ‘nada que perder’. Una expresión de una generación y una ubicación, que dan su contrapunto a las necesidades que se les anhelan y se universalizan sin apenas intentarlo. Llenan de contenido las vidas truncadas de los seres ínfimos, de aquellos que no tienen el drama pero lo viven, de los que buscan y no encuentran esas respuestas. Un ejercicio de dureza creativa sin buscar la distinción.

3 Comentarios
  • Shane Xavier Hyacinth
    Publicado a las 19:19h, 23 agosto Responder

    el blog Superbe, qui transpire la pasión à l’pur de Estado … Shane Xavier Hyacinth

  • Zenia Gunther Daveen
    Publicado a las 18:53h, 31 julio Responder

    Superbe blog, qui transpire la passion à l’état pur … Zenia Gunther Daveen

  • Elena
    Publicado a las 19:13h, 24 mayo Responder

    Gracias por esta selección.

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