Por 13 razones serie

«Por 13 razones», ¿debate necesario o sensacionalismo?

La polémica está servida. Y ‘Por 13 razones’ entra dentro del punto de mira de lo más cuestionable. Suicidio. Violencia. Violaciones. Armas. El doble filo de la moral está afilado para entrar en terreno vedado. Desde la ‘moralina’ la realidad es dicotómica. Solo tiene dos caras: es buena o es mala. Y en consecuencia, las acciones humanas son vistas como absolutamente buenas o absolutamente malas. Aquí es donde se centra el debate. ¿Hasta qué punto esta serie es buena o puede ser perniciosa para los espectadores? ¿Es un debate necesario o puro sensacionalismo para ganar audiencia?

Habría que partir de la base del público objetivo al que se dirige ‘Por 13 razones’. Que una serie sea protagonizada por adolescentes no significa que ese sea su público real y buscado. El control parental debe funcionar en una sociedad madura. La prohibición no es la solución más adecuada siempre. Ejemplo: No dejamos ver porno a los niños de 10 años. Sin embargo, ¿por qué de primeras sí una serie con sexo y violencia explícito (aunque sea protagonizada por adolescentes)? Partiendo de esa base, no debería ser ningún problema que esta serie (con violencia, sexo y drogas) se emita.

Qué podemos ver «Por 13 razones»

Atendiendo al argumento, la segunda temporada mejora en profundidad. Abre aristas y busca causas. No cierra en banda los argumentos simples y unidireccionales. Intenta abrir las mentes de los espectadores para que no etiqueten. No es que quiera definir el bien y el mal. Señala conductas deplorables pero recalca que no todo es blanco o negro.

El suicidio no es ‘cool’. La violencia no es la solución. No se cansan de repertirlo. A veces las tramas se enmarañan con la clara intención de dar juego argumentativo, pero la idea clave sigue persistiendo. Sigue de fondo. El mensaje es masticado desde el principio: el suicidio nunca es la solución. Quien no lo vea así es que no rasca la superficie. No pasa del primer nivel. Esta segunda temporada se centra en señalar ese camino. En recalcarlo y destacarlo. No son pocas las conversaciones, los giros argumentativos ni los momentos de flaqueza. Pero hasta hay una conversación entre dos de sus protagonistas (Justin y Jessica) que así lo definen.

El miedo a hablar del tema

A pesar de todo esto, ¿por qué ceder ante la censura previa? La famosa idea de no enseñar para no idealizar o crear tendencias o conductas similares es lo más repetido. La ocultación como punto de partida. Ese debate se muestra en la segunda temporada de ‘Por 13 razones’ en múltiples ocasiones. Se abre y se trocea en todos los capítulos: La opción de prohibir hablar del tema en el instituto. La idea de ocultar los sentimientos y actuaciones a sus padres por parte de Clay. La necesidad de Jessica de no contar públicamente lo que le pasó… La táctica de la avestruz no funciona en esta serie. ¿Es eso malo? ¿Es eso pernicioso? No. Todo lo contrario. Coger el problema de frente es lo más racional. Y, si el enfoque es el adecuado, no debemos tener miedo.

Cuando uno ve ‘Irreversible‘ (Francia, 2002) no puede dejar de pensar en la escena más aterradora vivida por Monica Bellucci (y vista por muchos espectadores). No se ve nada explícitamente. Se siente todo y se comenta todo de forma atroz. ¿Eso anima a reproducir ese acto al espectador? Una mente sana nunca lo haría. Dicho esto. Que haya un suicidio en una serie, como tema central, ¿significa que se puede interpretar como algo positivo? ¿Como una conducta a seguir? No. Tratar el tema, sí es necesario. Que hable de una realidad palpable, sí es aceptable. El hecho de que se insista directa e indirectamente en que no es la solución, también. Que se intente razonar y argumentar (que no defender) esa actuación, sí, es lo lógico.

¿Ocultar al realidad?

Pero los engranajes de lo políticamente correcto tienen sus ramificaciones largas y ancladas en nuestras mentes y en nuestras vidas. Posturas que critican la temática y su puesta en escena en un país que mayoritariamente defiende la idea de que tener un arma es un derecho fundamental es contradictorio. Toda sociedad siente cierta vergüenza de sus estadísticas más negras. Suicidio juvenil. Alcoholismo infantil. Abusos a menores… Ocultar la realidad no la hace desaparecer. Así que en esta serie toman como decisión exponer una realidad y la forma y fondo son sus grandes bazas.

Un debate antiguo

A finales de 2007 y principios de 2008 la sociedad inglesa debatía los estereotipos poco respresentativos de su juventud en la serie ‘Skins’. Negar la realidad, ¿es bueno? Que las drogas estaban presentes en la pubertad en ‘Skins’, ¿era una exageración? La actividad sexual llega cada vez antes a nuestra sociedad, ¿por qué negarlo? Ese debate se argulló contra la serie inglesa en el 2008. Aquí y ahora, diez años después, pasa lo mismo. Aumenta la violencia en los colegios. La tasa de suicidios en Estados Unidos ha aumentado un 24% durante los últimos 15 años y hoy es la décima causa de muerte en el país, según un estudio de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). Y todo esto sin que series de moda pongan el tema en el candelero.

Por todo esto, que una serie se atreva a tratar el tema es un buen punto de partida. Siempre y cuando lo haga razonadamente. Con tacto y con buena praxis. Sin miramientos, hacia una realidad devastadora. Y, ¡ojo!, defender la libertad no significa compartir todo lo que podemos ver en estos nuevos episodios. Denle una oportunidad y juzguen ustedes mismos.

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